Argentina
Las razones que cualquiera puede entender

El análisis de Jorge Argüello, embajador de la Argentina en los Estados Unidos, sobre el conflicto por Malvinas.  

El embajador Jorge Argüello
El embajador Jorge Argüello

Dicen, desde Pascal, que el corazón tiene razones que la razón no comprende. No es así en el caso de las islas Malvinas argentinas.

Cuando a los argentinos se nos habla de Malvinas lo primero que se nos mueve es el corazón, se agita y queda alerta por un injusto despojo sin resolver. Pero éste es uno de los casos en que los motivos del corazón nacen de la razón y los puede entender cualquiera.

La justicia del reclamo argentino de soberanía está sostenida por razones históricas, jurídicas, políticas y hasta ecológicas que todo el mundo las va comprendiendo. Sólo algunos simulan no entender esas razones.

Repasemos las principales:

- Hace medio siglo, la Asamblea General de la ONU aprobó la Declaración sobre la Concesión de la Independencia a los Países y Pueblos Coloniales, que rigió todo el proceso descolonizador a favor de pueblos subyugados y territorios usurpados. En 1965, la “cuestión Malvinas” pasó a ser un caso “especial y particular”: en las islas no hay un pueblo sujeto a la dominación o explotación extranjera, sino un territorio usurpado por un poder colonial que desalojó la población nativa e implantó por la fuerza una nueva población.

- Londres reclama “autodeterminación” para los isleños, pero ellos no son un pueblo al que hay que liberar de la opresión colonialista: una muy importante parte de la población está constituida por soldados y sus familias que están allí, más que para defender la colonia, para sostener la exploración y explotación ilegal de recursos en las aguas del Atlántico Sur y resguardar los intereses estratégico-militares de la corona británica.

- La Guerra de las Malvinas en 1982 es un episodio que el Reino Unido esgrime como parte de su resistencia a negociar. Como dijo nuestra Presidenta, ese conflicto armado fue responsabilidad de la más terrible dictadura argentina de la que se tenga memoria y de la cual fuimos víctimas los propios argentinos. Pero el juzgamiento hasta estos días de aquellos responsables de crímenes y genocidios ha sido un ejemplo en el mundo.

- Además, los Estados miembros de la Unasur hemos declarado a toda Sudamérica una “zona de paz”, basada en principios como el respeto irrestricto a la soberanía, la integridad territorial y la autodeterminación de los Estados, el pleno funcionamiento de las instituciones democráticas, la solución pacífica de controversias como el método preferido para resolver los conflictos y el respeto de los principios y normas del derecho internacional.

- Diez resoluciones de la Asamblea General de la ONU han convocado al Reino Unido de la Gran Bretaña y a la Argentina a sentarse y a negociar, a conversar sobre la cuestión de la soberanía de las islas. Hay otras veintinueve resoluciones del Comité de Descolonización de la ONU, y once resoluciones y ocho declaraciones de la OEA.

Durante los últimos años la Argentina ha reactivado un sostenido esfuerzo político y diplomático para abrir negociaciones que provoca un creciente aislamiento de Gran Bretaña en su posición.

Siguiendo a la Unasur, a fines del 2011 el Mercosur acordó tomar en diciembre pasado “todas las medidas susceptibles de ser reglamentadas para impedir el ingreso en sus puertos de los buques que enarbolen la bandera ilegal de las islas Malvinas”. Simultáneamente, llegaba el compromiso de China de mantener una “posición invariable” a favor de negociaciones.

Entonces, a la mañana siguiente, el primer ministro David Cameron abrió los periódicos y pudo leer en un editorial del prestigioso The Guardian: “La verdad es que la música de fondo ha cambiado. Los países latinoamericanos ya no piden consejos a Europa ni a los Estados Unidos. Crecieron y hacen lo suyo. Esta semana el reclamo de la Argentina se vio reforzado […] el sentido común sugiere que los dos países deben reunirse para negociar una solución”.

Un año antes, Cameron había repetido casi rutinariamente el libreto británico sobre la autodeterminación de los actuales isleños y su negativa a negociar. Pero esta vez, se declaró “muy preocupado” por la prohibición del Mercosur a barcos con bandera malvinense. Agotados los argumentos para disfrazar la explotación indebida de recursos petrolíferos y pesqueros, con riesgo para el medio ambiente, lo que acusa Londres es el peso neto de las razones argentinas. Y se lo empiezan a hacer notar sus socios de la Unión Europea.

Nuestro país, arropado por la comunidad sudamericana, ha sabido mantenerse firme en su estrategia: crear las condiciones políticas propicias para la negociación de la soberanía. Y lo que preocupa a Gran Bretaña es que no haya ya organismo internacional donde no afronte la elemental demanda de negociar.

En vísperas de los treinta años del conflicto armado de 1982, es imperioso mantener el mismo espíritu, ése donde nuestro corazón y nuestra razón entienden lo mismo, pero actúan con la paciencia y la inteligencia de quien sabe que más pronto que tarde, con todo el mundo al tanto de la verdad del asunto, la historia pondrá en su lugar al único que no se da por enterado… y no precisamente por razones sentimentales.

 


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