Aldo Ferrer
Perspectivas de la crisis de deuda en la Unión Europea

La contratapa de Aldo Ferrer, embajador argentino en Francia

01 - 11 - 2011

La Unión Europea no logra encontrar una respuesta realista a la crisis de deuda de varios países, problema que, ahora, abarca a la totalidad de la región. Atrapada en la lógica del estado neoliberal y el predominio de los intereses de la financiarización, la UE se niega a admitir que el núcleo del problema es la excesiva magn itud de la actividad financiera respecto de la economía real, la consecuente existencia de un gigantesco mercado especulativo y, como contrapartida, un nivel de deuda pública y privada incumplible. Deuda focalizada en varios países, sectores (principalmente el inmobiliario) y entidades excesivamente apalancadas. El problema del endeudamiento excesivo es agravado por la insuficiencia –de las normas y la solidaridad– de las reglas comunitarias la UE.

La hegemonía financiera debilitó progresivamente la inversión productiva y el impulso del crecimiento de las economías industriales avanzadas, deterioró el empleo y aumentó la desigualdad en la distribución del ingreso. Agravó también la inestabilidad del sistema, hasta desembocar en la crisis actual, aparentemente sin salida.

Las consecuencias de la financiarización no se reducen a los efectos distributivos y al endeudamiento. Abarcan otros planos de la realidad económica y social. La búsqueda de la ganancia rápida y los valores del mundo del dinero, contagian los comportamientos colectivos. Amplios sectores de la población tienen inversiones en los mercados financieros y lo mismo sucede con los fondos de pensión o los seguros de vida. De este modo, identifican sus intereses con los de los operadores de la especulación financiera. El contagio abarca la administración de la empresas de la economía real, en las cuales, se privilegian los rendimientos de corto plazo sobre los de mediano y largo y la distribución de dividendos, más que la reinversión de utilidades. Consecuencias comparables tienen las operaciones de compra de empresas por sociedades de capital accionario apalancadas por crédito. Las reformas producidas por los cambios de dueño resultan generalmente en la reducción del empleo, la pérdida de beneficios sociales e inestabilidad en el desarrollo de las firmas. Por otra parte, bajo el atractivo de las altas remuneraciones y ganancias rápidas, la actividad financiera emplea una proporción creciente de los recursos humanos calificados. En resumen, el gigantesco casino financiero contagia a la totalidad del proceso económico social y debilita las fuerzas de la acumulación y el crecimiento de la producción y el empleo.

Como el problema es sistémico y no coyuntural, las medidas adoptadas hasta ahora no logran restablecer la estabilidad de los mercados ni el crecimiento. Las perspectivas son malas y el malestar social en varios países va en aumento. Mientras se mantenga el mismo curso de acción, es previsible el agravamiento de los problemas actuales.

Es insoslayable la reestructuración de las deudas públicas impagables y de las privadas que afectan a amplios sectores sociales, especialmente, en el caso de las deudas hipotecarias para vivienda propia. Es preciso reconocer que el sector financiero tiene que asumir parte del costo de una crisis provocada por los excesos especulativos y su exagerada dimensión respecto de la economía real y sus necesidades de financiamiento. Problemas agravados por la desregulación de los mercados y multiplicados por la revolución informática, que permite operar por decisiones instantáneas de los ordenadores.

La reestructuración de las deudas soberanas impagables, revelan que los países se han endeudado más allá de su capacidad de generar excedentes de ahorro interno y divisas para su cumplimiento. En las condiciones contemporáneas, el problema reconoce tres causas principales. A saber: la imprudencia de las políticas del deudor, el comportamiento del acreedor y la ausencia de marcos regulatorios globales. Es decir, las malas políticas públicas que generan desequilibrios macroeconómicos, la búsqueda de altos rendimientos especulativos desatendiendo el riesgo y la subordinación de las políticas de los países centrales, que regulan el sistema global, a la especulación financiera. Para, el buen funcionamiento del orden global lo necesario y equitativo es que el deudor y el acreedor repartan los costos de sus propios errores y reformar las reglas del sistema. Es preciso reducir la excesiva participación de las ganancias de la actividad financiera en el total de las ganancias corporativas, transfiriendo ingresos a la remuneración del trabajo para aumentar la demanda agregada y estimular la inversión y el empleo

Si no se produce un cambio radical de estrategia de la UE, cabe esperar el agravamiento de las tensiones sociales. La UE está en el dilema de, por una parte, seguir sosteniendo el salvataje de los acreedores con fondos públicos e impulsar el ajuste de los deudores a un alto costo económico y social o, por la otra, recuperar el comando de las políticas públicas, respaldar la reestructuración de las deudas impagables e impulsar la demanda agregada para recuperar la producción y el empleo.

La reducción de los niveles de deuda en los países y sectores vulnerables reactivaría la demanda de consumo e inversión privados. Al mismo tiempo, ampliaría los recursos públicos para sostener la economía real y reducir progresivamente el déficit, en un sendero de crecimiento. Las políticas públicas recuperarían capacidad de sostener el crédito de producción e inversión, mientras que el sistema absorbe los quebrantos por los múltiples caminos, que están incluso presentes, en los estudios del G-20 sobre la reforma financiera. Los gobiernos ganarían también capacidad de utilizar recursos para financiar políticas de salario mínimo y cobertura social, reactivadoras del empleo, como las propuestas por la OIT y aplicadas en la Argentina y otros países.

En conclusión, la reestructuración equitativa de las deudas impagables reparte el costo entre dos de las partes responsables de las crisis de deuda. De allí el interés que despierta, en el actual debate internacional, la resolución del problema en la Argentina. El tercer responsable de la crisis son los Estados de los países centrales que promovieron la desregulación de la especulación financiera. La reparación de las consecuencias de las políticas del Estado neoliberal incluye imponer marcos regulatorios para erradicar los “paraísos fiscales” que amparan la evasión impositiva y el lavado de dinero, vigilar los fondos buitre, aplicar la “tasa Tobin” a las operaciones cambiarias, regular los hedge funds y las operaciones con derivados, prohibir las ventas de valores en descubierto y regular las coberturas de riesgo de default. En el caso de las deudas soberanas, podrían evitarse las burbujas especulativas, que terminan en crisis, estableciendo que, cuando la prima de riesgo excede un cierto límite, digamos 200 puntos básicos, el país afectado tiene que formular una propuesta de reestructuración. Esto desalentaría las políticas fiscales irresponsables y su, también irresponsable, financiamiento externo en busca de sobretasas de ganancias. A su vez, un suficiente grado de regulación reduciría el efecto de las evaluaciones de las agencias. En todo caso, la misma tarea de evaluación debería considerarse un servicio público.


Aldo Ferrer
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