Argentina
Presionan para que los planes de estudio de economía sean actualizados

Estudiantes y docentes proponen contenidos mas heterodoxos

Los estudiantes quieren formarse para poder explicar y anticipar las crisis del sistema
Los estudiantes quieren formarse para poder explicar y anticipar las crisis del sistema

En distintas universidades públicas del país movimientos de estudiantes y docentes heterodoxos impulsan una reforma de los planes de estudio con el fin de introducir a la formación de los futuros economistas las corrientes alternativas a la neoclásica.

Los estudiantes de economía no son un grupo más para el Estado y los empresarios: serán los analistas, administradores y coordinadores de la política económica del país. Por eso, su formación y desarrollo es parte de la agenda política: mantener a los futuros economistas en una misma línea y cercanos ideológicamente es crucial para acallar críticas y continuar un proyecto socioeconómico con mayor o menor sustento teórico.

Actualmente, las carreras de la licenciatura de la Universidad Nacional de Cuyo (UNCuyo), la de Buenos Aires (UBA) y la de La Plata (UNLP) son tres de las casas de estudios que se encuentran en proceso de actualización de sus programas. En ninguna de ellas la propuesta de las autoridades parece incluir modificaciones sustanciales a la actual matriz neoclásica, al menos si no se explicita la convocatoria a quienes se han dedicado a estudiar las corrientes alternativas.

Los planes de estudio siempre estuvieron íntimamente relacionados a las etapas de la estructura económica argentina, y la injerencia de los gobiernos ha sido determinante, en algunos momentos más que en otros.
Durante la etapa de la industrialización por sustitución de importaciones (ISI), los alumnos se alimentaban a diario de un programa más abocado a lo nacional, en línea con un país más cerrado y menos dependiente del comercio internacional.

El caso más emblemático, sin embargo, se dio durante la última dictadura militar: desde 1976 hasta 1983 fueron varios los cambios que sufrió la carrera de economía política en la UBA. El más significativo fue la supresión de la voz “política” del nombre de la carrera, que no volvió a aparecer y derivó en un plan de estudios más tecnicista y cercano a los fundamentos neoliberales de la época, en auge tanto en la Argentina como en el resto del mundo.

El golpe final que sufrió la licenciatura en la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA fue en 1997 durante la década menemista: el recorte del plan de estudios arrastró tras de sí buena parte de los contenidos sociopolíticos, los debates respecto de la historicidad y cientificidad de la economía y la capacidad de dar respuesta a las problemáticas sociales. Lo que quedó en la carrera es un tronco neoclásico al cual con el tiempo se le fueron introduciendo “parches” para acallar los reclamos de quienes no veían en la currícula una relación con lo que ocurría en la realidad.

A esta exigencia se suma el hecho de que durante los ’90 se quitaron cursos de formación crítica a la carrera de grado, así como también materias básicas para analizar las crisis y el estudio de los autores originales.
El argumento oficial en 1997 pretendía insertar a los profesionales más rápidamente en el mercado laboral.

Fue resistido por los estudiantes, que veían esto como una pérdida de calidad de su título, ya que materias relevantes fueron transferidas a los posgrados pagos que ofrecen tanto la UBA como las distintas universidades públicas del país.

En los últimos años, los estudiantes y profesores más críticos han venido sumando voluntades para cambiar los planes de estudio actuales.

Esa presión, sumada a la evidente falta de capacidad de los economistas para explicar los principales conflictos económicos de los últimos años, entre ellos la crisis mundial actual, influyó en los órganos directivos de las universidades. Sin embargo, los planes que barajan las autoridades no demuestran aún que se propongan una modificación radical de la matriz neoclásica.

Actualmente, parte del kirchnerismo se ha sumado a la lucha por una reforma, ubicándose en el amplio arco de la heterodoxia, que incluye al kirchnerismo pero también a quienes entienden que al modelo actual le falta crítica y un mayor alejamiento con el anterior.

El interés de quienes tienen el poder político fuera de la universidad podría ser un impulso decisivo para que la adecuación sea por fin distinta de la que impone el neoliberalismo, incluso si el proyecto del oficialismo a nivel nacional no coincide con el de quienes ya venían clamando por una modificación.

Sucede que el corsé académico impuesto desde 1976 afectó a todo el arco heterodoxo y no es casual que en el primer congreso de La graN maKro, el ministro de Economía, Amado Boudou, deslizara la necesidad de un cambio de los planes de estudio: el kirchnerismo necesita sus propios teóricos para “la profundización del modelo”.
 


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