Sep 13 2016 - 22:47

Eliminar el dinero físico es un desafío para la política

                   

Gabriel Holand
Especial para BAE Negocios

Facilita reducir la informalidad pero afecta a los sectores más desprotegidos

Qué los avances tecnológicos impactan de lleno en la economía y las finanzas está lejos de ser una novedad a esta altura del siglo XXI. Lo diferente ahora es la fuerza que toma día a día la hipótesis de reemplazar en forma casi definitiva el dinero físico por otros medios alternativos de pago encabezados, por cierto, por el bitcoin y el blockchain u otros instrumentos de formato tecnológico y virtual. Hacia allí se mueve el mundo en este tema, tardará más o menos tiempo, pero ese parece ser el norte.

La emisión monetaria sin freno de bancos
centrales resultó un fiasco

Claro que dichas alternativas solo resuelven aspectos operativos dejando pendiente un punto, el esencial. De todas formas vale mencionar que globalmente nos encontramos sumergidos en una enorme masa de billetes que, aunque desigualmente repartidos, conforman una volumen nunca visto en la historia del capitalismo, y ello producto de la emisión monetaria sin freno pensada por los bancos centrales de los países industrializados para reactivar la economía y que resultó un fiasco hasta ahora.

Aún en las mayores potencias, la masa de cash en poder de las personas resulta abundante. Por ejemplo, se calcula que en EE.UU., Japón o países europeos como Alemania y Austria, los ciudadanos guardan al menos el equivalente a dos salarios básicos en el colchón hogareño y eso contrasta con la creencia popular que en el llamado primer mundo todo se paga con el plástico de la tarjeta de débito o crédito.

El punto es que la existencia de semejantes cantidades de efectivo facilitan la economía informal, lo cual no necesariamente es negativo para los países más pobres en los cuales los cuentapropistas y pequeños comerciantes a veces logran sobrevivir sólo de esa manera. El problema es que también se dice que facilita las transacciones criminales de diverso tipo y color sin dejar rastro.

La pregunta es cómo impulsar el avance de los medios de pagos alternativos sin castigar a los sectores más necesitados, en especial en países donde gran parte de la mano de obra ocupada, y menos especializada, recibe su ingreso en billetes contantes y sonantes y, obviamente, en forma no registrada.

Seguramente podrán existir maneras de evadir controles impositivos o de lavado de dinero en la economía formal, pero resultan más difíciles y riesgosos de realizar que transportando billetes. También con los bitcoins se puede evadir verificaciones, pero por ahora su uso es marginal en grandes números y, además, los gobiernos pueden impedir o trabar su uso mediante restricciones bancarias, etc. Por tanto sigue siendo el efectivo, en cualquier parte de mundo real o el de las películas, el medio más difundido de cancelar pagos sin dejar registros de por medio.

De allí la importancia que atribuyen al tema los bancos centrales del mundo. Por ejemplo, en EE.UU. la evasión fiscal ronda los 700 mil millones de dólares anuales, es decir 0,5% del PBI, y a esto hay que sumar los importantes costos para los bancos centrales de imprimir y atesorar la enorme cantidad de billetes circulante.

En EE.UU. la evasión fiscal ronda los
u$s700.000 millones anuales

Gran parte de la comunidad financiera lidera esta idea de profundizar la bancarización global, aún con enormes intereses opuestos de por medio, como una manera de ganar clientes .Y si bien una cantidad razonable de billetes deberán quedar en poder del público el plan es disminuirlo drásticamente en un periodo de 10 a 20 años según enuncia incluso un pensador de la elite financiera como Kenneth Rogoff en su último libro “The Curse of Cash”, (Parafraseado “El lugar del dinero”).

Sin embargo esa decisión política, si se implementara, requiere de gradualidad para permitir a las economías nacionales y a los usuarios particulares adaptarse al enorme cambio cultural que implica la transparencia en las operaciones comerciales del día a día.

Esa metodología permitiría reducir la informalidad en la economía global. El verdadero desafió sigue siendo político antes que instrumental, y este reside en distribuir con mayor equidad la riqueza sea por medio de billetes u otros medios de pago.

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