May 02 2016 - 1:42:

Fin de ciclo en YPF y las incógnitas estratégicas

Miguel Galuccio dejó el comando en un momento difícil e incómodo para la industria y la política

Cledis Candelaresi

ccandelaresi@diariobae.com

“Creo que el principal logro de esos cuatro años fue recuperar el orgullo ser ser ypefi anos”à proclamó Miguel Galuccio y su voz se quebró por el llanto. Los trabajadores de Vaca Muerta que días atrás escuchaban la despedida en la neuquina Añelo celebraron el rapto de emoción del saliente presidente de YPF con un aplauso cerrado.

La asamblea anual de accionistas el viernes avaló la conformación de un nuevo directorio y consagró como su sucesor en la presidencia a Miguel Gutiérrez, aceptando formalmente la renuncia del entrerriano, que en la compañía cosechó más amores que odios.

Aún sus detractores ensalzan el profesionalismo y solvencia técnica, de este hombre menudo, joven, ambicioso, astuto y sensible.

Pero su misión quedó indefectiblemente emparentada a la gestión kirchnerista y en el mundillo energético hay quienes lo consideran un funcionario político, que no dudó en someterse a los dictados de la Casa Rosada, aún en detrimento de los intereses de la compañía.

Tema discutible que se dirimirá con la retrospectiva histórica.

Su gestión se caracterizó por un recupero notorio en la producción de gas y petróleo a fuerza de inversiones multimillonarias que consolidaron el liderazgo de YPF.

Claro que esa gesta se materializó en parte gracias a la decisión política de tener precios crecientes en los combustibles, último eslabón de la empresa integrada. Una determinación del gobierno anterior, sostenida por éste.

Ese esquema de precios permitió y permite a YPF tener una caja robusta. En rigor, una prerrogativa que benefi ció a todo el sector, incluyendo a sus competidoras.

Otro rasgo de su administración fue contraer una deuda que algunos allegados a la empresa le discuten como “excesiva” e imputan a su obligación de traer dólares cuando en el mercado local escaseaban. Otra cuestión que alimenta el debate político, en este caso, fogoneado por el propio ministerio de Energía. 9999999999 Lo mismo que el contrato con Chevron para explotar hidrocarburos no convencionales.

Es tan cierto que a esa petrolera estadounidense, devenida en socia circunstancial, se le concedieron algunos beneficios excepcionales para el momento en que se firmó ese acuerdo. Tan cierto como que destacados colegas de Galuccio se asombran por la genialidad de haber logrado que los norteamericanos inviertan en la Patagonia en condiciones que no le resultaron nada ventajosas hasta el momento.

La gestión galucciana hizo una apuesta fuerte al petróleo no convencional, cuando hay coincidencia en el mundillo de que debía enfocarse sólo en el gas, protagonista de la matriz energética. ¿Yerro técnico o pecado inducido por la política?...

Los nuevos directores de YPF ya hablan hacia futuro de una conducción “menos personalista”. Que sea bicéfala (presidente y Ceo), ayuda en parte al cometido de distribuir el poder que el ingeniero saliente concentraba con destreza.

La gran duda es cuáles serán las directivas políticas que orienten la gestión de esta sociedad anónima con mayoría estatal. Hasta dónde Energía y el resto de los ministerios avalarán un régimen de doble subsidio para la actividad petrolera: planes de promoción del Estado y altos precios de los carburantes que pagan todos los consumidores.

Ese modelo no es gratis para el conjunto de la economía, cuyos costos trepan, empujados por los energéticos.

Tampoco está claro cuánto se demorará el ensamble del mercado doméstico y del mundo, donde los precios de los hidrocarburos son más bajos que en Argentina.

Lograr ese maridaje es una consigna firme en el macrismo. Lo que no está claro es en qué momento resultará políticamente viable.

Gutiérrez y quien lo secunde como Ceo no tienen un inicio fácil. La compañía está en pleno recorte de gastos y achique de su grilla de personal, a semejanza de otras fi rmas del rubro.

Sobran dudas. Otra es qué hubiese hecho Galuccio en un escenario libre de restricciones políticas y urgencias económicas.

Quizás hubiera intentado concretar el sueño de replicar el modelo de la noruega Statoil. Una petrolera eficiente, cuyas utilidades nutren un millonario fondo de pensión. El manejo de ese botín de los jubilados nórdicos está bajo el férreo control colegiado de varias instituciones, obligadas a firmes pautas éticas para destinar sus inversiones: nunca en una firma que dañe el ambiente o viole derechos humanos.

Más desafiante aún es imaginar si la nueva conducción de YPF, con directores amantes del imperio del mercado, se atreverían a reformular la compañía más grande del mercado con similar inspiración.

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