May 01 2016 - 19:01

La historia del "Día del Trabajador" en Argentina

Se cumplen 126 años de la primera conmemoración en el país. El suplemento Compañeros del diario Crónica hace un breve repaso de esta celebración tanto en gobiernos democráticos como de facto.

El debut del 1º de mayo argentino fue en 1890. Unos 2000 manifestantes, convocados por una organización de inmigrantes alemanes, se concentraron en la Recoleta. Los oradores, entre ellos el dirigente socialista Guillermo Liebknecht, reclamaron la vigencia de la jornada de ocho horas, que los empresarios rechazaban por considerarla una modalidad ajena a las costumbres del país. Hacia dentro del movimiento sindical, ya se perfilaban las diferencias entre socialistas y anarquistas.

Fueron éstos últimos los protagonistas del festejo más sangriento de la historia del 1º de Mayo en el país. En 1909, bajo el gobierno conservador de José Figueroa Alcorta, se concentraron en Plaza Lorea, donde la policía reprimió con armas de fuego matando a 14 manifestantes e hiriendo a más de 80. La violencia continuó en el entierro de las víctimas y los anarquistas vengarían a sus muertos en la persona del jefe de policía, coronel Ramón Falcón, asesinado en un atentado. En represalia, jóvenes de clase alta salieron a incendiar bibliotecas obreras y a hostigar a los periódicos socialistas y anarquistas.

La lucha de los radicales por el voto universal y el ascenso al gobierno de Hipólito Yrigoyen cambió el escenario de los festejos obreros. Ya cerca de su caída, el 28 de abril de 1930, Yrigoyen declaró al 1º de Mayo "fiesta del Trabajo en todo el territorio de la Nación".

En septiembre de aquel año, el golpe de José Uriburu dio inicio la "década infame". Pero en 1931, Uriburu autorizó el festejo, que ya era una conquista firme de los trabajadores argentinos. Aún así, el clima social de la fecha era tenso, y la clase media se encerraba en sus casas por temor a incidentes.

El avance del nazismo le dio un carácter político al festejo de 1940, en defensa de la democracia. Cuatro años después, instalado ya el gobierno surgido del golpe del 4 de junio del 43, un acto comunista en Plaza Once fue reprimido con violencia. Sin embargo, el ascenso político del coronel Juan Perón afianzó la presencia obrera en el escenario social, ante la desconfianza de la izquierda que lo rotulaba como "fascista".

Con la llegada de Perón al gobierno por la vía democrática, el festejo del 1º de Mayo alcanzó su plenitud. En los actos hablaban el jefe de la CGT, Evita y el Presidente. Después, la gente disfrutaba de los espectáculos musicales, el desfile de carrozas y la coronación de la Reina del Trabajo.

La presencia sindical, desde entonces y pese a los reiterados intentos de los gobiernos militares, hizo del tradicional festejo una conquista indiscutible. Sin embargo, acotar el poder sindical siguió siendo una meta de políticos y dictadores. El más funesto de todos, Jorge Rafael Videla, en las Bases Políticas para la Reorganización Nacional, sostenía: "Deben dictarse las leyes fundamentales de Asociaciones Gremiales de Trabajadores (...) Es necesario quitar a estos organismos el poderío económico que proviene de la acumulación de riqueza, dado que, cuando éste se agrega a la fuerza gremial, corrompe la función de sus dirigentes e instituye poderío político".

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