Sep 21 2017 - 10:00

Cerebro y mal de Alzheimer

La investigación avanza sobre el aspecto farmacológico y para el diagnóstico precoz.

Ignacio Brusco*
@brusco_N
Especial para BAE Negocios

El 21 de septiembre se superponen varias fechs conmemorativas. Una de ellas es el Día Internacional de la Enfermedad de Alzheimer. Se podrá cuestionar que una enfermedad esté en el calendario justo el día de la primavera, pero sucede que en los países del norte empieza el otoño. Otra señal de dependencia del hemisferio sur. Dicho esto; la enfermedad de Alzheimer es el tipo de demencia más frecuente a nivel mundial, se produce fundamentalmente en pacientes mayores, es de tipo degenerativa y afectación cortical y su prevalencia aumenta con la edad.

Se plantea qua a nivel mundial cada tres segundos se diagnostica un paciente con Alzheimer. Se estima que unos 500 mil argentinos padecen Enfermedad de Alzheimer: uno de cada ocho entre la población mayor de 65 años, y uno de cada dos entre las personas mayores de 85 años.

Pocas enfermedades como el Alzheimer transforman tanto a las personas. Esta enfermedad comienza afectando la memoria de las cuestiones recientes, pero además ocurren problemas conductuales relacionados con un cambio de personalidad. Empieza con falta de motivación, generándose apatía ya en el comienzo de la enfermedad. Afecta luego la mayoría de las funciones intelectuales, produciendo un gran desconcierto y angustia en los familiares del que padece este problema.

Muchos trabajos y protocolos farmacológicos para la enfermedad de Alzheimer han fracasado, debido quizás a algunos conceptos erróneos acerca del origen de la enfermedad (fisiopatología). Hasta ahora, dos fueron las líneas centrales de investigación: una, sobre el tratamiento farmacológico para que este tenga un efecto paliativo o, mejor aún, para que sea capaz de detener la enfermedad; otra, sobre el diagnóstico cierto y precoz de esta dolencia, antes de que se exprese clínicamente. Estos últimos han marcado un claro adelanto en cuanto a la prevención primaria, ya que se obtuvieron diversos estudios que permitieron no sólo acercarse al diagnóstico de certeza, sino también poder sospechar en forma preclínica la existencia de la enfermedad. Los estudios genéticos permiten observar genes de riesgo (firma molecular de la enfermedad) para padecer la enfermedad que –se sabe– presentan una predisposición que aumenta el riesgo de padecerla. Pero esto no sucede en forma terminante, sino que existen otros factores que intervienen. Por eso, este tipo de herencia es llamada “multifactorial”. Es decir, son genes que se expresan pero que deben ir de la mano con otros factores para que se desencadene la patología.

Entonces, el diagnóstico de riesgo preclínico es clave para poder cambiar factores de riesgo modificables pues se puede seleccionar a la población de riesgo y priorizar la prevención de los fenómenos que impliquen precisamente un aumento de ese riesgo (por ejemplo, trastornos comunes como presión arterial, colesterol y glucemia o traumatismo de cráneo, que incrementa el riesgo de presentar esta demencia degenerativa).

Es por estas razones que hoy la genética demuestra la importancia de detectar el riesgo muy precozmente: para poder generar prevención primaria (se considera que los primeros fenómenos fisiopatológicos suceden treinta años antes de que comiencen los síntomas clínicos).

Nuestro grupo del programa de Alzheimer (Pronadial-UBA) ha detectado hace tiempo la característica de la población argentina. Se conoce que casi un 50% de los pacientes con Alzheimer presentan un gen predisponente llamado “Apo-E4” (apolipoproteína E4).

Actualmente, nuestro equipo se encuentra abocado al estudio de otros genes de riesgo para padecer Alzheimer en la población argentina. Por ahora, pareciera que se ha modificado el camino de investigación, ya que se está empezando a investigar sobre otras proteínas y no sólo sobre el beta-amiloide, que hasta ahora no ha dado resultados beneficiosos. Existe otra posibilidad que es una proteína llamada “tau”, propia de la neurona y que al fosforilarse erróneamente se pliega en forma patológica generando el característico ovillo neurofibrilar.

Esta misma proteína ocasiona un proceso evolutivo característico donde se va plegando con una secuencia que sigue la anatomía cerebral y clínica de esta enfermedad. Es así que se ha planteado que podríamos haber estado investigando por el camino equivocado, y ya se están comenzando a estudiar desde marcadores cerebrales para esta proteína hasta fármacos que inhibirían su producción anormal.

Se sabe además que si retrasáramos cinco años el comienzo de la enfermedad, se disminuiría a la mitad la cantidad de personas que la padecen, considerando que el otro gran factor de riesgo es la vejez.

Es clave entonces poder disminuir la prevalencia de esta enfermedad teniendo en cuenta el problema individual, social y económico que ella representa, debido a que es la más discapacitante de las enfermedades crónicas.

El Alzheimer es la enfermedad crónica no infecciosa más discapacitante y, además de constituir un problema individual, familiar y social de importancia, va en franco aumento dado que el factor de riesgo más relevante es el envejecimiento poblacional. Sumado a esto, aumenta el gasto en salud diez veces en pacientes mayores.

Sin embargo, son pocos los países (aun dentro de los desarrollados) que dedican importantes recursos esta enfermedad en proporción a la gravedad de costos que ella representa. Estados Unidos ha incrementado de 500 a 1.000 millones de dólares el presupuesto de investigación en Alzheimer este año.

A su vez, es importante considerar que existen dos enfermos. El paciente y el cuidador que se encuentra en estrés crónico, lo que se llama sobrecarga del mismo.

Entonces, apoyos psicológicos a los pacientes y sus cuidadores también mejoran el proceso físico actuando biológicamente y, en el mejor de los casos, retrasando el comienzo y la evolución de los enfermos. El trabajo realizado frente a esta enfermedad consiste en nuevas metodologías asistenciales personalizadas e interdisciplinarias con mucho personal por paciente, gran capacidad estructural y amplitud de espacio, donde lo afectivo tiene un rol fundamental. Esto permite el desarrollo de trabajos innovadores e intersubjetivos con los profesionales de la salud especializados, como zooterapia con perros para estimulación sensorial, musicoterapia, danzaterapia y artes plásticas.

El mundo se encuentra envejecido. Países como China ha observado la dificultad del Alzheimer al haber envejecido a su población a través de programas estrictos de restricción de la natalidad, debiendo tener que cambiar estos programas. Pues hemos conservado el cuerpo y no el cerebro en más de la mitad de la población de ochenta años.

 

Fuente: Fundación Humanas

*Neurólogo Cognitivo.

Prof. Titular UBA. Conicet

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