Sep 14 2017 - 9:41:

Postales de cuando la pista de baile se convirtió en escenario global y espejo de una generación

Entre mediados de los años ’70 y principios de los ’80, la discomusic fue mucho más que soundtrack de época

Oscar Muñoz
omunoz@diariobae.com

¿Demasiado viejos para ir a bailar, demasiado jóvenes para morir..? La reciente visita de Nile Rodgers, compositor de los éxitos setentosos de Chic -además de muchos otros en coautoría- replicó con creces esa inquietud que amenaza la vigencia de artistas identificados con una época o una moda, pongamos por caso, la música disco. A caballito de los últimos años 70 y los primeros 80, el fenómeno trascendió la pista de baile para instalarse como un fenómeno global, con John Travolta como ícono a partir de su protagónico en Saturday Night Fever y los Bee Gees como referentes musicales.

Artistas como los Rolling Stones, Kiss, Rod Stewart, la Electric Light Orchestra se subieron a la ola de la discomusic

Claro que ni la discomusic ni los Bee Ges -ni siquiera el ignoto Travolta de aquellos días- eran producto de la improvisación o recién llegados al show business.

En su génesis, la "disco" (a secas), apareció un derivado del más clásico R&B (rhythm & blues) que mezcló elementos de otros géneros "negros", como el soul y el funk, donde a diferencia del pop, primaba el ritmo sobre la melodía, con clara intención bailable.

Aunque mucho más que un género, se convirtió rápidamente (y fugazmente) en una radiografía global con epicentro simbólico en Studio 54, la sala del baile neoyorquina capaz de aglutinar lo más glamoroso de la Gran Manzana junto a atildados don nadie que eran rigurosamente seleccionados por su creador Steve Rubell en la entrada. Para su inauguración formal se cursaron unas 5000 invitaciones a personalidades del jet set de ambas costas del Atlántico norte. Entre los que dieron el presente estuvieron Mick Jagger y su entonces esposa, Bianca, Salvador Dalí, Liza Minnelli, Diana Ross, Brooke Shields y un largo etcetera. Pero no es menos representativo que otras celebridades como Woody Allen. Warren Beatty y hasta Frank Sinatra quedaran afuera, en medio del desorden o por capricho del personal de seguridad del exclusivo reducto.

En otro aspecto, la escena musical de entonces, que languidecía entre los excesos sinfónicos de los "dinosaurios" Emerson, Lake & Palmer, Yes o Génesis y se asomaba al abismo "no future" del punk rock, acusó el impacto y la influencia de la disco. Sin volcarse decididamente al estilo, los astutos Rolling Stones alumbraron el éxito I miss you para plegarse a la onda bailable. Los siguieron Rod Stewart (Da ya think I’m sexy), la Electric Light Orchestra (Last train to London) y Kiss (I was made for loving you), por citar los ejemplos más perdurables (si bien el blondo Stewart se arrepiente aun hoy del oportunista coqueteo).

Claro que fueron los Bee Gees los que pegaron primero (y pegaron más fuerte), imprimiéndole un giro inesperado a una carrera identificada con barrocas armonías vocales y edulcoradas letras para consumo adolescente. En la cresta de la ola, los hermanos Gibb, que habian sido populares pero estaban en declive, pasaron a ser culturalmente importantes.

En este sufrido sur del mundo, gobernado por una dictadura, el enfrentamiento (meramente simbólico) entre las "tribus urbanas" de bolicheros y rockeros podía deparar bizarros malentendidos. Seru Giran fue abucheado en su concierto debut en el estadio de Obras (1978) por presentar una parodia a la moda del momento con Discoshock, que finalmente quedó fuera del registro discográfico (hoy sería tesoro para coleccionistas).

"La alegría no es sólo brasilera", cantará García después, pero todavía faltaba.

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