Sep 14 2017 - 9:43:

Dos actores se divierten mientras se ríen del cine de acción y aventuras a reglamento

Crítica: Duro de cuidar

A veces uno puede ver una película solo por el placer que proveen sus intérpretes. Es el caso de Duro de cuidar, un filme que debe inscribirse en el género "farsa" antes que en el de suspenso o acción, porque de lo que se trata, justamente, es de acumular hasta la saturación los lugares comunes del cine de gran espectáculo y adosarle dos actores carismáticos que tienen ya el oficio de reírse de esos estereotipos. Si vieron a Ryan Reynolds (aquí "el mejor guardaespaldas del mundo") en Deadpool o a Samuel L. Jackson (aquí el hombre a cuidar, el mejor sicario del mundo) en Kingsman, saben que ambos han desarrollado algo de comedia desaforada alrededor de las explosiones. Es la química entre ellos, casi una confesión de hastío del actor ante el vértigo a reglamento, lo que autoriza el placer por encima de la historia, el suspenso, la acción misma o el guión. Diversión contagiosa... por un rato.

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