Sep 14 2017 - 9:43:

Cerebro y Caras

El rostro influencia para conformar nuestro lenguaje, nuestra emoción e inteligencia

Ignacio Brusco*
@brusco_N
Especial para BAE Negocios

"Mucho se descubre en su
rostro el temeroso"
Séneca

La evaluación y entendimiento de las caras de las otras personas es una funcionalidad mucho más importante de lo pensado, necesaria para conseguir relacionarse correctamente.


Si bien existen películas o medios de comunicación que tratan sobre el tema, lo hacen superficialmente y exagerando esta capacidad. Por lo tanto banalizándo y prejuzgando esta función, como si fuera una capacidad metafísica. Tampoco se debe caer en la rigidez conceptual de juzgar a las personas, como lo planteó Lombroso en el siglo XIX, donde se prejuzgaban características físicas y que a partir de esa simple variable se diagnosticaban enfermos mentales o psicópatas. Confundiendo erróneamente una variable estructural, con la compleja conducta de las personas.

Pero sin embargo, existen muchos estudios que muestran  la influencia de la gestualidad funcional de las caras, asociada a la intersubjetividad y la comunicación de las personas.

Actualmente muchos científicos plantean la posibilidad de la utilización de esta función, como ayuda al diagnóstico e información en un examen mental (semiología). Que lleve a la interpretación de evaluación de la angustia y el riesgo de autoagresión de un paciente, por ejemplo.

La evaluación de las caras fue descrita por primera vez por Charles Darwin, sin embargo a esos trabajos la comunidad científica no les otorgó demasiada importancia. Hasta que a mediados de siglo pasado un grupo de científicos y  en especial el psicólogo Paul Ekman de la Universidad de California, empezaron a describir y clasificar caras en diferentes expresiones y etnias, a las que fueron descubriendo como innatas.

Tanto Darwin como posteriormente este psicólogo plantearon que existen caras instintivas, que existen en las diferentes culturas y muchas desde que nacemos. Así por ejemplo, la gestualidad facial de alegría o de asombro son dos de las más reconocibles

Los cuestionamientos a este tipo de evaluaciones de la expresión humana (y de los primates) eran comunes a la especie humana. Por lo que se ha sido estudiado en comunidades endogámicas alejadas de la civilización occidental. Donde se reconocen las expresiones faciales con evaluaciones muy parecidas, tanto a EEUU como a Latinoamérica. Lo mismo sucede si se evalúan diferentes expresiones de caras de bebes y también si se estudia los gestos faciales de las personas no videntes de nacimiento, que no tienen la copia visual de las que lo rodean.

La gestualidad de las caras implica procesos muy complejos. Con más de 40 músculos funcionando, deja a lugar a muchas expresiones y al reconocimiento de las mismas por los otros, sea en forma consciente o inconsciente.

Pero además, en la expresión de la cara debe considerarse la expresión visual que hace en forma holística la comunicación gestual de un rostro. Los ojos contienen en su parte más profunda (que es la retina) la única zona del sistema nervioso central que se pone contacto con el exterior; siendo claves en la comunicación facial.

La comunicación facial implica procesos no conscientes de reconocimiento de sensaciones, que quizá no se puedan explicar.

Asimismo los investigadores del tema hablan de microgestos; que son movimientos faciales pequeños y que duran muy poco. Pero que pueden reconocerse por personas con talento para percibirlos o por especialistas que hayan trabajado el tema. Sea estudiando y clasificando los gestos o incluso en la práctica semiológica de la psiquiatría y la psicología.

Otra confirmación del valor que tiene el entender a las caras se observa en ciertas enfermedades. Por ejemplo, los pacientes con esquizofrenia tienen una importante dificultad para evaluar correctamente el significado emocional en test de caras. Por ejemplo, sobre qué está expresando cierto gesto de una persona, en un test de fotos aun siendo muy clara la expresión.

Esto se entiende por la dificultad de compresión empática que se padece en este tipo de enfermedad. Que lleva al sujeto a padecer de una falta de entendimiento de lo que le pasa al otro (cognición social). Clave para funcionar en la comunidad y en la que están implícitas las neuronas en espejo, que se activan especularmente con el otro.

Cuando el otro gesticula nuestras neuronas motoras también se prenden especularmente, dándonos mensajes emocionales y de comprensión de situación. Es decir, en necesario ver la cara del otro para interpretar funcional y socialmente el contexto.

Esto también se observa en el desarrollo del niño. En el que se necesita la presencia de la cara y la mirada de los seres cercanos, con el cual se expresan mutuamente las emociones básicas a partir de la cara y la mirada.

También se ha descripto la importancia de la presencia del otro en el aprendizaje del lenguaje, especialmente en los dos primeros años de vida.

Se conocen estudios donde sólo los niños aprenden un segundo idioma, que habla su niñera, si está presente en el contacto directo con el bebé. En cambio no aprenden nada si se ve un videocasete de aprendizaje del lenguaje.

No en vano, la primera vez que el científico Giacomo Rizzolatti describe las neuronas en espejo en el mono, es en áreas equivalentes a las de lenguaje en el humano (área de Broca).

Es decir que la cara del otro probablemente sea muy necesaria para conformar nuestra inteligencia, nuestra emoción y el lenguaje.

Asimismo existen estudios que muestran la importancia de las propia gestualidad para generar un sentimiento. Se ha descripto que si expresamos en nuestra cara un gesto triste en la cara, terminamos por sentirnos entristecidos. Tendencia que utilizan algunas escuelas dramáticas para generar actuaciones vívidas.

Sea cual fuera la respuesta a expresión facial, tiene una directa comunicación con sectores emocionales. Pues, el sector de la visión comunica lo que percibimos a la región cerebral de la emoción (amígdala), antes que a la corteza racional.

Este sector emocional del cerebro regula las sensaciones, pero además la estructura de la cara. Generando respuestas afectivas (por ejemplo taquicardia y sudor), pero además modificando la expresión facial, antes que nos demos conscientemente cuenta del evento social en el que estemos inmersos.

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