Sep 11 2017 - 10:51

La creatividad de la motivación

Cómo encontrar las herramientas para alcanzar lo que queremos

Lic. Aldo Godino

agodino@cronica.com.ar

Vivimos en un constante devenir de circunstancias externas que, muchas veces, nos sumergen en la inercia y nos llevan a actuar de una manera deshumanizada. La sociedad no nos ayuda a confiar en nosotros mismos; disminuye nuestra autoconfianza. Nos invita a confiar en demasiados factores externos que terminan atrapándonos.
Hay un sistema social al que le interesa que exista un gran número de personas sin motor para llevar a cabo sus sueños. Todo facilita la pasividad carente de motivación, para hacer un hombre mucho más manipulable.

Nos llenamos de expectativas que luego no se cumplen y que logran en nosotros el abandono de la misión. Caemos en la desidia y dejamos de asumir una actitud de perseverancia. La sensación de estancamiento aparece junto a la desmotivación. La percepción de que no estamos yendo hacia ninguna dirección, que los obstáculos son muy grandes o que nuestra vida carece de sentido, son pensamientos que tienden a convertirse en persistentes cuando la parálisis emocional no nos permite acudir a la realidad para modificarla.

Nuestra zona de confort es un área emocional en la que podemos permanecer por mucho tiempo, en la que sentimos haber aprendido lo suficiente para controlar nuestro entorno; allí volvemos cuando queremos buscar seguridad. Vivir permanentemente en este lugar hace que nos estanquemos, que alimentemos más los miedos hacia lo que hay afuera, desvalorizando los riesgos de emprender cualquier tarea.

Para hablar de permanencia activa debemos hacer referencia a la motivación. Ésta es la clave para entender por qué los seres humanos somos tenaces en perseguir ciertos logros que, aparentemente, no darán ningún fruto a corto plazo. Es la condición necesaria para lograr nuestras metas. Término genérico que se aplica a una amplia serie de impulsos, deseos, necesidades y anhelos. La inspiración puede provenir de los demás, pero la motivación es nuestra. Vivir sin motivación nos hace entrar en un mundo que nos vuelve mecánicos y donde nos olvidamos de nosotros mismos y de nuestros verdaderos ideales. Sólo conociendo nuestras motivaciones podemos conocernos como personas; es el camino hacia el autoconocimiento y hacia la mejora de uno mismo.

Hay una motivación extrínseca que se produce cuando el factor estimulante no es una consecuencia natural de la tarea. Estudiar para conseguir una buena calificación y no para aprender, hacer un trabajo para obtener un ascenso o participar en un deporte para ganar una medalla. En la motivación extrínseca el comportamiento se da por el deseo de obtener algo o evitar un resultado adverso.

La motivación intrínseca, en cambio, implica la participación en una tarea que ya es gratificante. Implica la realización de una actividad por sí misma y no el deseo de una recompensa externa. Estudiar para mejorar y crecer, hacer el trabajo porque lo asumimos como un camino de realización y satisfacción, practicar un deporte como disciplina equilibrante. En la motivación intrínseca el comportamiento nace por la simple satisfacción de hacer bien las cosas. Los dos tipos de motivación desempeñan un papel importante en la configuración del aprendizaje.

Cuando solo encontramos el desánimo y la motivación escasea dentro de nuestro interior, parece que todo se vuelve oscuro y que la luz se ha apagado sin una esperanza razonable de volver a encenderse. Si nos falta la motivación, probablemente nos asalte la tentación de diferir las cosas para otro momento.

"El ideal está en ti; el obstáculo para su cumplimiento también", decía Thomas Carlyle. Las razones por las que queremos hacer algo será nuestra fuerza impulsora y nos ayudará a conseguir todo lo que nos propongamos. Una sola razón de peso será suficientemente fuerte para explotar, desde nuestro coraje emocional, las herramientas necesarias en el esfuerzo de alcanzar lo que queremos. En esa razón especial estará nuestro secreto.

Podemos acudir a nuestros trabajos moviéndonos como autómatas. Podemos fatigarnos procurando el dinero o el pan de cada día. Podemos vivir neuróticamente creyendo que nuestras metas son las cosas y no la gente. Sí. Podemos "sobrevivir" de ese modo aunque una sensación de vacío habite en nuestro interior. La sabiduría de la vida está en tener proyectos y sueños amplios que trasciendan lo cotidiano.

Una historia medieval puede ayudarnos a comprender esto:

"En una ciudad, a unos hombres que labraban la piedra en una plaza, les preguntaron un día:

– Tú, ¿qué haces?

– Estoy picando piedras- contestó el primer hombre sin levantar la vista.

– ¿Y tú? - le preguntaron al segundo.

– Estoy trabajando - contestó sin ganas.

– ¿Y tú que haces? - interrogaron al tercero.

– ¿Yo? - dijo sonriendo con su rostro iluminado y la piedra entre sus manos…

– ¿Yo? Estoy construyendo una catedral."

Y nosotros, ¿qué hacemos? De nuestra respuesta depende el gozo o la tristeza con que vivamos.

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