Ago 17 2017 - 9:10:

Cerebro, ADN e informática

La revolución del momento es utilizar el material biológico al servicio de la computación

Ignacio Brusco
@brusco_N
Especial para BAE Negocios

Existen situaciones realmente increíbles en los adelantos científicos en temas como acumulación y la transferencia de la información.

La bioinformática está avanzando más rápidamente de lo pensado. Y ha llegado a límites pensados hace años por pocos científicos, pero impensados por la mayoría.

Por ejemplo, investigadores han creado una red computacional neuromórfica formada por neuronas de silicio. Han procurado que éstas se conecten entre sí de forma similar a como lo hace el cerebro.  Por ejemplo la Deep Blue, el ajedrecista de silicio; o lo último en inteligencia artificial llamada Spaun, cuenta con dos millones y medio de neuronas. A este último sus creadores, neurocientíficos teóricos de la Universidad de Waterloo, Canadá, lo tienen todo el tiempo resolviendo tests de inteligencia.

Ya se prueba clonar órganos humanos con el fin de generar trasplantes autónomos

Estos estudios se plantean a través de imitar al material biológico con elementos inorgánicos. Sin embargo ha ocurrido una gran revolución en los últimos tiempos. Y es utilizar el material biológico al servicio de la informatica.

Específicamente usar el ADN como material bioinformático; sabiendo que es el material de transmisión más antiguo, más complejo y con el que más información se puede generar.

Hace tiempo se sabe que sería posible clonar cualquier ser biológico desde una célula madre. De hecho se está probando clonar órganos humanos con el fin de generar trasplantes autólogos (es decir de uno mismo). También se han generado organoides complejos; como por ejemplo minicerebros para poder introducir diferentes terapéuticas. Incluso se puede producir órganos desde células muy básicas como células de la piel (fibroblastos); reprogramarlos al órgano que se desee y con la corrección genética que mejore alguna patología.

Se propone extraer de las células información de la misma expresión proteica del aprendizaje

Se ha avanzado así en la posibilidad de cortar la información patológica y mejorarla con el fin de evitar enfermedades a través de un método llamado (Crispr) que corta ADN y remplaza genes patológicos por otros sanos.

Dicho esto; hoy se puede producir un órgano o clonar un ser biológico, además de corregirlo. Se genera sin embargo el justificado temor que estos métodos puedan generar decisiones reñidas con la ética.  

Pero lo que sorprende últimamente es el trabajo de la Facultad de Medicina de Harvard, publicado recientemente en la prestigiosa revista Nature. Demostrando como el ADN permite acumular información para memorizar cuestiones externas  y además reproducirse.

Este grupo ha podido grabar una famosa película de principio de siglo en el ADN en una bacteria (obviamente traducido al idioma genético). También acumulado un libro de Shakespeare en el ADN en bacterias intestinales (Escherichia Coli) y encima la han hecho  reproducir millones de veces. Es decir que le hacen memorizar otras cuestiones con la técnica utilizada para cortar genes patológicos y encima reproducirse.

Pero no contentos con este método, se ha planteado incursionar en la memoria neuronal, a través de copiar los genes cerebrales que han sintetizado  nuevas proteínas; como consecuencia de lo experimentado (por ejemplo, hechos meramente biológicos también podría ser lo aprendido culturalmente). Pues la memoria es proteínas y las mismas son sintetizadas por el ADN.

Se propone que las bacterias puedan extraer la información producida en nuestras células. Podría no solo ser información inmunología o farmacológica sino de la misma expresión proteica de nuestro aprendizaje e incluso de nuestra conciencia.  

Parece ciencia ficción. Pero ya lo es clonar animales y modificarlos. Quizá podría pensarse en la clonación humana, pero además aportar la información aprendida.  Entonces podríamos conseguir una copia bastante parecida de nosotros mismos. Hoy parece difícil acercarse a esta cuestión; pero no lo es tanto.
 

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