Ago 11 2017 - 20:22

La hipocresía de una Constitución que nunca se cumplió

En un especial para Bae Negocios, Tomas Pinto sostiene que "una vez más los argentinos nos vemos gritando aparición con vida" en referencia a la ausencia de Santiago Maldonado

Tomas Pinto

Concejal del Frente Vecinal Esquel

A simple vista se ve una meseta castigada por el eterno viento, con su típica vegetación que no pasa de la altura del ombligo de un hombre adulto. Esa es la imagen que durante siglos instalaron en nuestra retina y que llegamos al punto de llamar “desierto”, solo habitado por guanacos, ñandúes y piches. Poca agua y la presencia humana solo visibilizada en la fría estadística del manual de 4º grado, de un habitante cada dos kilómetros y medio. Así se nos la vendieron desde pibes y así se sintieron en el derecho de repartírsela en un frío escritorio a miles de kilómetros del coirón más cercano. Así terminaron de hacer etéreos a los pueblos originarios sobrevivientes al genocidio llamado “Campaña al desierto” y así terminaron de repartirse lo poco que les quedaba entre terratenientes locales, compañías internacionales, jueces y funcionarios que miraban a través de sus cuerpos sin percibir su existencia. Salvo Dios, lo que no se ve no existe.

Pero todo gas al comprimirse se licúa y hasta se solidifica. Se hace visible. Y tanto apretó la injusticia, la historia de despojos, la hipocresía de una constitución modificada que devolvía algún derecho pero que nunca se terminó de aplicar, los jueces que miran para otro lado, la violencia del policía y el gendarme desclasado, los terratenientes vernáculos de la S.R. y el estado con sus funcionarios que aterrorizados ante el posible cuestionamiento de la propiedad privada salen a defender los latifundios más vergonzantes de nuestra historia. Todo inmerso en comunidades que en línea general han mamado durante años y años el concepto de que aborigen es sinónimo de alcohólico, vago y cuando mucho, buen puestero o empleada doméstica, pero siempre mudo. Tanto apretaron que finalmente un grupo de mapuches, como si fuera un grano en la piel de nuestra sociedad, reventó, se solidificó, se hizo visible.

Salvo Dios, lo que no se ve no existe.

De ahí en más, el desmadre. La “recuperación” de un territorio que ya estaba “usurpado” por el latifundista internacional Benetton (nunca demostró que le pertenece) por parte de un sector de mapuches con rasgos fundamentalistas, sobre todo de quien reconocen como su líder Jones Huala. La parcialidad de una justicia tuerta, el desmanejo de los funcionarios de turno que no pueden salir de la trampa corporativa y la única política que se les ocurre es vincular al grupo “de imbéciles sediciosos” con las FARC (Sic. Ministro del interior provincial, Pablo Durán) y con los kurdos (como si pertenecer a una etnia fuera sinónimo de terrorismo), Pérez Esquivel, el PO y “otros sectores de este tipo” (Sic. Subsecretario de Seguridad Nacional, Sr. Nosete) y como única acción llenar el territorio de gendarmes y policías (y vaya a saber qué cosas más), con una creciente virulencia, intentos de desalojos de legalidad dudosa, represiones, persecuciones, aprietes y torturas (¿esto era terrorismo de estado, no?), hasta el hecho más aberrante que puede suceder en una democracia, que es la desaparición de una persona. Hace una semana que nadie sabe dónde está Santiago Maldonado. 

Una vez más la sombra tenebrosa del pasado oscurece a las fuerzas armadas que participaron en la represión ese fatídico día. Una vez más las mezquindades de una campaña política que pareciera no importar a nadie, embarra la cancha y complica el esclarecimiento de los hechos. Una vez más, funcionarios nacionales, provinciales y municipales se ven más preocupados de ver como salpicar hacia afuera que en encontrar a Santiago.

Una vez más, la actitud corporativa de gendarmes, policías, jueces, funcionarios, terratenientes, etc. cubriéndose y distorsionando los hechos para que nunca se esclarezcan.

En medio de este contexto de disparate, mentiras, irrealismo, los argentinos, una vez más, nos vemos gritando “aparición con vida”.

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