Ago 11 2017 - 12:30

La corrida cambiaria hacia las PASO y los interrogantes del día después

Panorama semanal

Por Alejandro Bercovich

Alejandro Bercovich
abercovich@diariobae.com

Jorge Horacio Brito cortó en seco a un consultor que le llevó las últimas encuestas de intención de voto a su despacho enchapado en madera, a metros de Maipú y Sarmiento. "Vos no me digas lo que va a pasar en las elecciones. Decime qué va a pasar después", refunfuñó. Su hijo Jorge Pablo, presidente de la Asociación de Bancos nacionales (Adeba) y vice de River, viene advirtiendo desde hace meses sobre lo mismo a representantes de fondos de inversión extranjeros. "Ustedes festejaron por adelantado cuando (Francisco) De Narváez le ganó a (Néstor) Kirchner en 2009 y pusieron la Bolsa casi 25% arriba, pero no quería decir nada. A los dos años Cristina arrasó. Que no les pase lo mismo ahora pero al revés", recomendó a enviados de dos de esos fondos a mediados de mayo. Padre e hijo, amigos y mecenas de Sergio Massa pero ante todo banqueros, conocen al dedillo el humor volátil de los mercados. Los que votan todos los días desde sus pantallas de Bloomberg suelen sobreactuar su espanto cuando las urnas que se abren solo cada dos años escupen un resultado que no corresponde a sus deseos.

La corrida cambiaria de las últimas dos semanas, en cuyo fuego el Banco Central ya vio esfumarse más de dos mil millones de dólares de reservas, no solo se alimentó de encuestas favorables a Cristina Kirchner en la provincia de Buenos Aires. También la avivó la testarudez de la autoridad monetaria, que se aferró al dogma de la libre flotación confiada en que el flujo incesante de préstamos en moneda dura satisfaría la demanda precautoria de los operadores y ahorristas que prevén un porrazo del oficialismo en las PASO. A esas compras, para peor, se sumaron las de los ciclistas financieros que decidieron desarmar sus posiciones en Lebacs y realizar la ganancia en dólares que vinieron a pescar a estas costas. Incluso siguieron dolarizándose cuando la suba brusca del billete, que según el Central terminaría por disciplinarlos, ya se había comido parte de esa renta única en el planeta. Los siguieron los bancos locales, cuyas carteras se tiñeron simultáneamente de verde a medida que Federico Sturzenegger levantó las barreras que se lo impedían.

No alcanzaron siquiera las divisas de un endeudamiento que duplicó a valores constantes el de los dos anteriores récords: la guerra de Malvinas y el salvataje a los bancos de 2003, según el laborioso cálculo que acaba de publicar un equipo de economistas coordinado por Eduardo Basualdo ("Endeudar y Fugar", Siglo XXI). Sturzenegger, el primus inter pares del equipo económico, debió enterrar dos de sus principios inquebrantables por el precio de uno. Primero el presidente Mauricio Macri le ordenó frenar la escalada del billete en $18, aun a costa del segundo mayor sacrificio diario de reservas desde 2003. Ayer terminó de soltar también su meta de inflación del 17% para todo 2017, cuando el Indec cantó 13,8% para los primeros siete meses del año. Y todavía quedan rubros que no trasladaron íntegra la suba de la divisa.

Especies protegidas
La incertidumbre imperante mezcla esas turbulencias financieras con la propia dinámica de una campaña que no funcionó como esperaba el Gobierno, donde la polarización con Cristina terminó por volverse un búmeran similar al "armen un partido y ganen las elecciones" de la expresidenta. El oficialismo se abalanzó tardíamente sobre los votos de Massa en la provincia de Buenos Aires y Macri amenazó con deshacerse de los hombres que le permitió colar al exjefe de Gabinete cristinista en el organigrama nacional cuando ambos se paseaban del brazo por los picos nevados de Davos, un año y medio atrás. Finalmente la purga se limitó al director de la Acumar, Sergio Federovisky. El director de la Comisión Nacional de Valores (CNV) Carlos Hourbeigt -un discípulo "promercado" de Roberto Lavagna, que podría impulsar desde allí algún impuesto a la renta financiera como los que propone Massa en televisión pero no lo hace- se mantuvo firme en el cargo.

Más allá de su amistad a toda prueba con los dueños del Macro, Massa perdió apoyos que había cosechado en la City con su zamarreo de campaña a la renta financiera. Algunos alcanzaron a reprochárselo en persona, como el presidente del Banco de Valores, Juan Nápoli. El jefe renovador le contestó con una cifra en millones de pesos: lo que estima que podría recaudarse anualmente con una tasa así. Ambos sonrieron. El propio Lavagna admitió luego en privado ante operadores bursátiles que nada de eso avanzará en el Congreso que viene.

La otra relación que se resintió por la campaña es la interna de Cambiemos, sobre todo entre el Pro y la UCR. Los dos hombres sin despacho oficial ni candidatura que conducen el radicalismo, Ernesto Sanz y Enrique Nosiglia, hablan en la intimidad sobre el gobierno en primera persona. Pero el "Coti" auspicia la candidatura que desafía al oficialismo en su cuna porteña: la de Martín Lousteau. Y tras el año largo de exilio dorado en Washington que le aceptó a Macri, el exministro salió de golpe a denunciar el daño que infligió el ajuste a vastos sectores de la población. ‘Hay mucha angustia, nunca pensé que iba a ver algo así’, comentó días atrás a BAE Negocios, sorprendido porque varios de los fiscales que reclutó por llamadas al azar (IVR) rompieron en llanto en las reuniones preparatorias.

Horacio Rodríguez Larreta quiere ver tercero a Lousteau tanto el domingo como en octubre para bloquear sus aspiraciones a sucederlo en 2019. Para eso apoya las dos vertientes peronistas en el distrito metropolitano. En la Rosada están al tanto de las reuniones de su vice Diego Santilli con Juan Manuel Olmos, factótum junto a Víctor Santamaría de Unidad Porteña. Lo que dicen ignorar son los incentivos metálicos que también partieron desde Bolívar 1 para la lista que auspician Massa y Stolbizer. La carambola es evidente: aunque el mediático Matías Tombolini (otro economassista que supo usufructuar la intangibilidad de la renta financiera) dispute un lejano cuarto puesto con el Frente de Izquierda, todos los votos que reciba serán "robados" a Lousteau.

El líder de ECO ya avisó en público que los diputados que consiga llevar con él al Congreso en octubre integrarán un bloque propio, separado del interbloque Cambiemos. ¿Será la antesala de una ruptura de la UCR en espejo a la que sufrió Fernando De la Rúa a manos de Carlos "Chacho" Álvarez? Es la amenaza que dejó flotando ante interlocutores empresarios uno de los referentes radicales de la cámara baja. "Nos dieron dos ministerios de 26. El de (Oscar) Aguad no lo cuento porque ya era de Clarín antes que asumiera nadie", se sinceró. "Y encima lo quieren correr de Agroindustria a (Ricardo) Buryaile para poner a (el presidente de la Sociedad Rural, Luis Miguel) Etchevehere", añadió.

La paradoja es que en dos de los distritos donde el oficialismo da por ganada la elección (Mendoza y Jujuy) sus votos son radicales. Al enojo de los boinas blancas, al que restan trascendencia, en la Rosada responden con una metáfora para biólogos: "Los radicales eran una especie en extinción y con nosotros pasaron a ser una especie protegida. ¿Pero qué creían, que iban a poder reproducirse?".

Nueve semanas y media
La ventana entre las PASO y las elecciones de octubre, apenas unos días más larga que el tórrido romance de Mickey Rourke y Kim Bassinger en la soft porn de 1986, será una montaña rusa de emociones para el mundo de los negocios. Algunas acciones de empresas líderes ya perdieron desde fines de mayo parte de lo ganado en 2016, pero ninguna cayó el 25% que vaticinó el jefe de Adeba ante sus socios de Wall Street en caso de que Cambiemos se pegue un porrazo fuerte el domingo en territorio bonaerense. Si ese pronóstico se cumple habrá caras largas durante un par de semanas, pero no mucho más. Lo grave sería que el Central siga sin capear con éxito la corrida cambiaria.

Lo que se preguntan los empresarios es cómo influirá el resultado del domingo en las reformas que esperaban ver al menos arrancar en las diez semanas entre las PASO y las generales. La famosa agenda de mediano y largo plazo sobre la que departieron largamente Eduardo Elsztain y Hugo Sigman en la entrega de premios que organizó esta semana una revista de negocios. Todo puede postergarse sin fecha si Macri se ve obligado a remontar una derrota.

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