Ago 11 2017 - 11:02

David Cronenberg y la biología salvaje en el cine

Algo más que un realizador de terror y fantasías oscuras

Leonardo M. D’Espósito
ldesposito@diariobae.com

En los ‘70 y los ‘80 se consideraba al canadiense David Cronenberg como un interesante realizador de películas de horror clase B. Hoy se lo considera un maestro canónico del cine, de presencia constante en el circuito de grandes festivales. El cínico puede pensar que las adaptaciones de obras como El almuerzo desnudo, de Burroughs, lo transformó en un tipo "serio". Pero no, la verdad del asunto es que Cronenberg siempre fue una especie de comediante en sordina, un satirista que trabaja sobre la sociedad contemporánea escondiéndose detrás de la fantasía y del melodrama, a veces combinando las dos cosas con resultados notables. Sin embargo, aún cuando el universo de Cronenberg niega toda trascendencia -sus fantasías y terrores son totalmente materialistas: ni fantasmas, ni Dios, ni el Diablo forman parte-, tiende a ser un mundo feliz en la medida en que se acepte su anormalidad. La gran tensión, el gran tema de sus películas es la posibilidad de que aceptemos ser monstruos, abracemos al freak que todos llevamos dentro.

La carrera de Cronenberg es enorme y es difícil separar sólo cinco películas para ejemplificar sus temas. La fusión entre lo biológico y lo mecánico, por ejemplo, es un leit motiv que aparece en La mosca, El almuerzo desnudo, Crash, eXistenZ e incluso lateralmente en Pacto de amor. Esa fusión es siempre sexual: justamente la aparición de una sexualidad no reproductiva y vinculada con lo artificial es también parte de su universo (casi todas las precedentes más la increíble Videodrome o Cromosoma 5). Y también lo sobrenatural como algo salvaje, como liberación de pulsiones reprimidas, como se puede apreciar en películas como Scanners -su primer gran éxito internacional, paralelo a la genialidad del mismo tema La furia, de Brian de Palma, filme que debería verse en paralelo-, La zona muerta o incluso M. Butterfly. Esa película señala la unión de todos los temas en uno solo: la gran alternativa del hombre contemporáneo consiste en elegir vivir una fantasía (virtual) o una dolorosa realidad. Para Cronenberg -totalmente "anti Matrix"- la primera alternativa es la correcta: eso es lo que queda demostrado en Viene desde dentro, la mencionada eXistenZ o la impresionante Spider, que transcurre dentro de la mente perturbada de un hombre.

Cinco películas, entonces, que valen como ejemplo más que como control de calidad:

 

  1. La zona muerta. Basada en una novela de Stephen King, es la historia de alguien que sabe que un crimen político puede evitar el Apocalipsis nuclear. Pero el núcleo es ese contacto entre el "vidente" y la humanidad, pura fisiología, así como la reflexión sobre la naturaleza del mal, pura creación humana.
  2. Videodrome. Dicen que existe un canal de cable que, al ser visto, enloquece al espectador y lo hace ingresar en un universo donde las peores perversiones son posibles. Un hombre -gran trabajo de James Woods- empieza a vivir entre la realidad y esa fantasía sádica. Adivinen qué elige: es la contracara de Poltergeist, de la misma época.
  3. La mosca. Gran melodrama de horror, no de terror, donde un científico experimenta con su propio cuerpo y un accidente mezcla su ADN con el de una mosca. Pero cuidado: su nueva biología monstruosa le da placer. Su novia, al mismo tiempo, está embarazada. Todo es surreal y más emotivo que terrorífico.
  4. Crash. Basada en la extraña novela de J.G. Ballard, aquí hay una secta de tipos que se excita con los accidentes automovilísticos y con la fusión entre mecánica y carne. El sexo transformado en salida para la modificación total de lo humano, en una película totalmente única y salvaje.
  5. Una historia violenta. Un tipo normal, buenote, debe volver a convertirse en el asesino salvaje que alguna vez fue. Algo genial: su mujer se excita con eso. La pulsión animal transformada en arte.
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