Ago 10 2017 - 11:16

Cerebro y psicopatía

Maduración y confusiones entre las conductas deshinibidas y el trastorno de personalidad

Ignacio Brusco
@brusco_N
Especial para BAE Negocios

"¿Quién soy? Estoy tratando
de averiguarlo"

Jorge Luis Borges

La psicopatía (personalidad antisocial) constituye no sólo una problemática de salud mental, sino un grave situación social. Representa la característica de más del cincuenta por ciento de las personas que cometen crímenes graves. En este trastorno la persona se caracteriza por entir mayor emoción ante una injuria propia, que como cuando le sucede a los otros. Es decir, sería lo inverso al imperativo categórico kantiano en el que se propone emocionar una situación individual y luego generalizarla. En este caso, se cumplirían las reglas para todos los sujetos menos para él o sus allegados. Midiéndose a sí mismo con una vara más endeble y autocompasiva.

Antes de los 18 años no puede establecerse que exista una patología de la personalidad

Esto trae aparejado consecuencias sociales; el aumento de una conducta antiética delictiva. Además de un incremento de la violencia y la impulsividad.

Dos preguntas se plantean ante la evaluación de la personalidad. Una de ellas es cuándo considerar a una persona con su personalidad totalmente desarrollada con la consecuente conciencia de realidad. La otra pregunta es si la psicopatía es una enfermedad psíquica y si puede la persona discernir sus actos.

Con respecto a esta última duda: la literatura científica explica, que en general, en los trastornos psicopáticos la persona tiene su juicio de realidad conservada; pero con una conducta desviada. Es decir no le importa los que le pasa al otro, pero sabe que le ocasiona daño.

Es conocido el trabajo de Michael Koenigs, de la Universidad de Wisconsin donde se midió la respuesta cerebral en neuroimágenes de la población carcelaria con trastornos psicopáticos. Mostrando una desconexión de las áreas cerebrales de la emoción (amígdala) con las áreas prefrontales (prefrontal ventromedial) de la toma de conciencia social, empatía y culpa

Los cual justificaría por qué en los psicópatas existe una desconexión funcional entre la emocional y la empatía social. Además se conocen trabajos en los que áreas cerebrales de la emoción de estos pacientes se prenden cuando sufren el riesgo de una agresión; pero no pasa lo mismo cuando otras personas son las agredidas. Priorizando el psicópata la necesidad de recompensas de sus necesidades, sin pensar en el resto de la comunidad.

La respuesta a la pregunta sobre cuando los menores maduran su psiquismo: es que se sabe que el desarrollo de la corteza prefrontal muestra una considerable capacidad de abstracción a partir de los dieciocho años. Momento en el cual se encuentra mielinizada aproximadamente el ochenta por ciento de la corteza frontal. Maduran así, las premisas culturales y sociales ( como las tomas de decisiones y la conciencia de los actos). Aunque el lóbulo prefrontal no termina de madurar hasta los 30 años. Se considera que a los 18 años ya se contienen los puntos claves para entender la funciones cognitivas y presentar una cognición social adecuada.

Consecuentemente, no se considera que pueda establecerse una patología de la personalidad antes de esa edad. Es decir que pone en tela de juicio que un menor de esta edad pueda ser condenado penalmente ya que no presenta todavía conformada la estructura de su cerebro.

En los psicópatas existe una desconexión funcional entre las emociones y la empatía social

Aunque esta posición es arbitraria desde el acuerdo científico; tiene un claro sustento neurobiólogo, reconocido por la neurociencia y salud mental mundial.

Los adolescentes cuentan con muchas más plasticidad neuronal ; y más recursos neurológicos y biológicos que las personas adultas. Por ello juntarlos con población carcelaria adulta sería un grave error.

Los trastornos de la personalidad antisocial afectan la cognición social. La capacidad para entender lo que le pasa a los otros (cognición social); sería algo especular a la metacognición (que es la capacidad de entendernos a nosotros mismos). Entender cognitivamente al otro es quizá la base psicológica de la implementación de los imperativos categóricos Kantianos.

La capacidad de emocionarse en forma intersubjetiva implica en gran medida la funcionalidad celular de las famosas neuronas en espejo, descriptas por el científico italiano Giacomo Rizzolati, quien en 1996. Las que se prenden cuando la otra persona realiza o siente una actividad, sin que se realice actividad alguna; siendo la base de la empatía entre las sujetos. En los trastorno de la personalidad probablemente se encuentra una falla en este proceso cerebral.

En los adolescentes se generan procesos de desequilibrio conductual provocado por la explosión hormonal que soportan, motivo por el cual se desarrollan mucho antes lo sectores emocionales del cerebro, que los sectores corticales inhibitorios. Haciendo comparable esta conducta desinhibida con un trastorno de personalidad, pero sin serlo.

Los niños deben recibir los estímulos sociales y culturales adecuados a su edad. Los primero años de vida son esenciales para la conformación de la personalidad del adulto, pues el cerebro es una esponja. Aprende los valores sociales, el lenguaje, lo ético y lo estético. Si el encéfalo no recibe sus estímulos adecuados pero además se alimenta mal y encima se expone al consumo de sustancias tóxicas. Su personalidad de verá afectada. Aunque no por ello deja de conservar su gran capacidad resiliente hasta los 18 años de edad.

La personalidad es un conjunto de factores que constituyen quien somos; pero en la adultez. No confundir esta premisa es la clave, para no generar prejuzgamientos, conductas terapéuticas y sociales inadecuadas. Pues lo niños no tiene conformada su personalidad hasta terminada la adolescencia. Mantienen su capacidad de recuperación, que además de ser muy evidente, es su derecho.
 

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