Jul 16 2017 - 23:15

Las elecciones y la política circular

Por Gabriela Granata

El Gobierno comenzó a escribir con la mano lo que había borrado con el codo. Apremiado por los tiempos electorales empezó a remendar lo descosido en busca de recuperar el consumo de las clases populares, las más resentidas en un año y medio de gestión y ajuste. Y las que el Gobierno analiza como más proclives al voto opositor, aunque no siempre peronista.

 

Subsiste aún una mirada clasista-partidaria, que lleva a identificar a los segmentos más pobres con el peronismo, a los medios con el radicalismo y a los medios altos con Cambiemos. A pesar de que los mapas electorales relativizan ese postulado, después del voto vuelven a configurarse los espacios ideales de apoyo. Es así que, con la campaña en marcha, la estrategia es saltar esos cercos ideológicos desde el discurso y, quienes pueden, la acción.No es nuevo. Hace más de 15 años lo plasmó Dick Morris, el consultor y estratega de la reelección de Bill Clinton. En uno de los capítulos de El nuevo príncipe se refiere a la necesidad de "trascender la frontera de los partidos" y realizar propuestas de campaña capturando la agenda de los adversarios para sumar la adhesión del electorado menos afín.

El Gobierno, y las administraciones provinciales y porteñas con el mismo signo político pero diferente composición partidaria y más aún disímil realidad territorial, buscan complementarse para cubrir los tags de esta elección: inflación, consumo, corrupción, pero le están quedando un poco más lejos otros dos que tienen peso simbólico, como la seguridad, y real, como el desempleo.

Con una desocupación medida en el primer trimestre de 9,2% y más de un 11% de subocupación, el dato llamativo es el cambio de composición del empleo formal y contra los prejuicios, la mayor creación de puestos en el sector público. Ahora sí, confirmando las previsiones, el sector que más impacto sufrió en la caída de puestos de trabajo fue el manufacturero. Según el último informe de la consultora Ecolatina, "desde que asumió el Gobierno de Cambiemos hasta abril, seis de las catorce ramas más importantes de la economía muestran reducción de personal". Cita en particular a la industria manufacturera, "que por su elevado peso dentro del empleo formal (cerca del 20% del total) y su fuerte caída en el período explicó la totalidad de la contracción del empleo asalariado privado". El Gobierno se plantó claro frente al conflicto laboral: ordenó represión a las protestas de los trabajadores despedidos -desde Cresta Roja hasta Pepsico- y repite que el empleo está creciendo. Punto. Y lo seguirán haciendo porque encuentran en las centrales sindicales y gran parte de la oposición una réplica tibia y temerosa.

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