Jul 13 2017 - 9:02:

Cómo pasar del amor al porno en seis filmes

Una buena película pornográfica debe, ante todo, ser una buena película a secas y no por el sexo que muestre.

Leonardo M. D’Espósito
ldesposito@diariobae.com

Para quienes ejercemos la crítica cinematográfica, nada es mejor que generar la curiosidad de los lectores/espectadores en aquello que les ha quedado fuera del radar. Sería tonto decir que el porno está "fuera del radar" de la mayoría de las personas, pero a esta altura hay que volver a establecer la distinción entre "cine porno" o "arte porno" en particular y "pornografía" en general. Lo primero es, ni más ni menos, el arte que integra escenas de sexo explícito dentro de su trama e historia, donde eso es indispensable para que la obra (narrativa en este caso) avance. La pornografía es la simple generación de imágenes explícitas que buscan la excitación sexual del receptor y nada más. De todos modos -sería largo de discutir aquí- hay algo que decir respecto de la diferencia entre un video corto donde una señora simula ser la mamá de una señorita y ambas seducen al jardinero y la filmación en vivo con un celular de un acto sexual. En el primero, al haber construcción, ficción y puesta en escena, hay "arte" (bueno o malo, embrionario, si quieren, pero arte) y en el segundo, no. Es la misma diferencia entre la televisión y el cine, entre la transmisión de algo real y la representación. Dejemos esa charla para otro momento, de todos modos.

Lo que deseaba hacer esta semana es trazar un camino hacia las mejores películas porno. Para mí, una buena porno tiene primero que ser una buena película. Y una buena película es muchas cosas, pero primero es una que me invita a seguir mirando hasta el final. Dada la intención esa de excitar más el cuerpo que la mente del espectador, el porno suele ser demasiado perezoso para eso. Pero algunas películas hay. Por otro lado, hay filmes eróticos que pueden llevarnos, poco a poco, a comprender ese uso explícito del sexo. De todos modos, este "camino" propuesto es puro juego y el lector quizás encuentre el propio. Empecemos.

Paso 1: vea El amante del amor, de François Truffaut. Charles Denner interpreta a un señor que se la pasa de aventura en aventura, y las mujeres lo aman verdaderamente. No hay nada sórdido en el filme, una fantasía de Truffaut, y sí mucha ternura. Desdramatiza el sexo y tiene un final de gran emoción.

Paso 2: Crash, de David Cronenberg. Basada en la novela de J.G. Ballard, es la historia -algo más y algo menos que "historia"- de una secta que se excita con los accidentes automovilísticos y las cicatrices que causa. La secuencia de sexo entre Rossanna Arquette y Holly Hunter es de las más perturbadoras -y mejor filmadas- del cine.

Paso 3: Bajos Instintos (obviamente). Piensen que Verhoeven lo que quiere es divertirse. El sexo es a veces sucio, a veces tierno, a veces terrorífico acá, pero todo es una especie de gran guiño sobre lo voyeurs que somos todos los que vamos al cine. Y se nota que Sharon Stone goza su trabajo absolutamente.

Paso 4: El imperio de los sentidos, de Nagisa Oshima. Aquí hay sexo explícito, pero no está efectivamente colocado para lograr la excitación del espectador sino para transmitir, a través de la imagen, esa pasión entre los personajes que lleva a uno de los grandes sacrificios de la pantalla. En el fondo es un melodrama, y el sexo es la forma en que eso se representa.

Paso 5: Ojos bien cerrados, de Stanley Kubrick. Acá hay una orgía (muy estilizada, claro) y, aunque parece la reflexión (muy irónica y en el fondo cómica) sobre el divorcio entre sexo y matrimonio, es también sobre la lucha de clases o la victoria de la clase dominante (la de Sidney Pollack) sobre esa que cree que, por tener dinero, tiene algo de poder (la de Cruise y Kidman). El sexo es la distracción, y la palabra final es la mejor para que un cineasta cierre su carrera. Además es lo mejor de Kubrick.

Paso 6: Taboo, de Kirdy Stevens. Hoy sería una muy buena comedia de costumbres del cine independiente americano: una mujer divorciada (Kay Parker) necesita sexo, es un poco reprimida y la verdad es que la pasa mal. Una amiga la empuja a probar cosas nuevas y ella, al mismo tiempo y poco a poco, se excita con su hijo posadolescente hasta que tienen sexo. Hay filmes (Spanking de monkey, de David O. Russell, por ejemplo) que van por el mismo camino y la diferencia es el sexo explícito. En Taboo se justifica: cada escena representa un grado de placer mayor de la protagonista, desde la frustración a la plenitud, y culmina irónicamente. Y de allí en más, usted elija.

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