Jul 10 2017 - 8:33:

En un bosque de la China

Antes de fines de 2020 surgirá en Asia la primera ciudad 100% ecosustentable y anticontaminación.

Hoy es posible imaginar y ver realizada una ciudad totalmente "verde", autosuficiente desde el punto de vista energético y que, justamente por estas características, respete al ambiente y limite la contaminación. La idea está en manos de un grupo de proyectistas italianos, ya conocidos por haber sabido conjugar innovación y conservación del planeta. Hasta el momento habían surgido iniciativas aisladas para defender el estado de salud de la atmósfera: torres futuristas para capturar los polvos sutiles, cercos tecnológicos que absorben el esmog, materiales especiales basados en recursos renovables, incluso edificios enteros en condiciones de asociar las distintas filosofías sobre la ecosostenibilidad.

Un pequeño experimento. Mucho más complicado de concretar es el proyecto de un complejo urbano completo, dotado de todos los servicios, que presente las misma características. Pero bastó llevar al extremo una idea ganadora para ponerlo en práctica, y así surgió la idea de la ciudad-bosque, la última visión del estudio italiano Stefano Boeri Architetti. Un equipo que, en tiempos recientes, demostró en más de una ocasión tener la obsesión de la edilicia green.
En la ciudad satélite, desde los edificios hasta las sedes de organismos públicos, todo será ecosostenible. Debería surgir para fines de 2020 la primera ciudad que, en su conjunto, combate la contaminación atmosférica. Su construcción fue contratada por el municipio de Liuzhou, en China, en una de las áreas del globo más golpeadas por el problema del esmog urbano que deriva de la superpoblación urbana. Se trata de un conglomerado que se extenderá en un área de 175 hectáreas a lo largo del río Liujiang, en la provincia montañosa de Guangxi Zhuang, en el sur del país. Un nutrido grupo de edificios en el que habitarán, sobre la base del proyecto presentado, unas 30.000 personas y que estará dotado no sólo de construcciones residenciales sino también de espacios comerciales y recreativos, lugares de reunión, oficinas, hoteles, dos escuelas y un hospital. Será un pequeño experimento que deberá servir como laboratorio a cielo abierto, para ver si un modelo citadino de tal magnitud puede realmente prosperar y ser replicado en otras zonas del mundo.

Cada edificio será energéticamente autónomo y estará dotado de sistemas pensados para la ecosostenibilidad. La geotermia será aprovechada para el acondicionamiento de los interiores. Los paneles solares estarán en todos los techos para acumular la mayor cantidad posible de energías renovables. Además, en Liuzhou Forest City -tal el nombre del proyecto- podrán circular sólo vehículos eléctricos y su red urbana estará conectada a la "hermana mayor" por una línea ferroviaria veloz en la cual operarán modernos convoyes, naturalmente no contaminantes. Pero sobre todo, las diversas construcciones -algunas desarrolladas en altura, otras a lo ancho- así como las áreas comunes y las calles estarán completamente invadidas por el verde: 40.000 árboles y un millón de plantas (de más de cien especies) que asomarán de caminos, plazas, balcones y fachadas.

Aire de mejor calidad. Será un pulmón natural que ayudará a reducir en medida no menor la concentración de esmog en la atmósfera. Cuando la ciudad-bosque sea plenamente operativa debería estar en condiciones, cada año, de absorber alrededor de 10.000 toneladas de CO2 (anhídrido carbónico que se convierte en un óptimo fertilizante para las plantas mismas) y 57 toneladas de polvos sutiles, produciendo paralelamente 900 toneladas de oxígeno, lo que mejora sensiblemente la calidad del aire que respiran las personas. Y por si ello no bastara, existen también otras ventajas al diseñar un barrio con estas características: ante todo, la presencia de tanto verde genera un "efecto frazada" que ayuda a reducir la temperatura del suelo y por lo tanto el calentamiento global; además, la tupida vegetación morigera los ruidos limitando también la contaminación acústica; y finalmente, en el interior de estos pequeños bosques pueden liberarse pájaros, insectos y pequeñas especies animales a fin de contribuir a la repoblación de la fauna.

El proyecto lleva la firma del estudio del italiano Stefano Boeri, autor del Bosque Vertical, dos torres residenciales erigidas en Milán en ocasión de la Expo 2015, que pronto se convirtieron en el símbolo de la ciudad del futuro. Tan virtuoso y original que fue adoptado en muy breve tiempo por otras grandes ciudades: basta con citar la Torre de los Cedros de Lausana y los bosques verticales de Nankín, Shanghai y Shenzhen.

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