Jul 07 2017 - 12:18

El "capitalismo de amigos" sigue vivito y coleando

Por Alejandro Bercovich.

El nacimiento de la compañía más valiosa de la Argentina no tendrá nunca la mística del garaje californiano donde Steve Jobs y Steve Wozniak crearon Apple, aunque su desarrollo quizá merezca una adaptación cinematográfica más taquillera, al estilo de El Padrino 2 o de la coreana Inside Men, un atrapante thriller político-empresarial donde ministros y accionistas de un multimedios se complotan para volcar una elección. La historia de la megafusión Cablevisión-Telecom, que dará lugar a una firma más grande que MercadoLibre.com e YPF tras las ratificaciones ya comprometidas verbalmente por el Gobierno ante directivos del grupo Clarín y del fondo Fintech, se remonta a aquellos años de almuerzos semanales entre Néstor Kirchner y Héctor Magnetto que tanto irritaban a la ahora candidata a senadora. Su trama empieza a acelerarse incluso antes de la victoria de Mauricio Macri a fines de 2015, cuando da un vuelco decisivo hacia el final feliz. Si le tocara editarla a él, Roberto Lavagna podría titularla "El nuevo pulpo de las telecomunicaciones: una oda al capitalismo de amigos".

Florencio Randazzo todavía era ministro de Cristina Kirchner y aún no había sido confinado en el freezer de los traidores por esa negativa que lo llena de orgullo a competir por la gobernación bonaerense. El VIP de Asia de Cuba lo vio entrar casi de incógnito, como lo hacían un par de años antes Amado Boudou y Diego Bossio en trasnoches espolvoreadas por el frenesí del 54%. Adentro lo esperaba para festejar un cumpleaños el enemigo público del gabinete que integró hasta el final: Héctor Magnetto. No eran los únicos dos chivilcoyanos de la fiesta. También estaba Pablo Casey, "Cachecha", criado a dos cuadras de la casa materna de "Floro" y sobrino del contador. El ministro y el ascendente abogado, entrañables amigos de la infancia, se dieron un sonoro abrazo.

Tanto esa noche en Asia de Cuba como en otras varias reuniones consignadas con fecha y lugar a BAE Negocios por un participante de las negociaciones, los dueños de Clarín confirmaron sus intenciones de consolidar sus negocios con el mexicano David Martínez, quien ahora será accionista mayoritario de Telecom-Cablevisión con un 40%. El enigmático dueño de Fintech todavía no había comprado su parte de Telecom a los Werthein, que armaron sus valijas para abandonarla apenas ganó Macri, pero ya tenía todos los pasos planificados con Magnetto, Lucio Pagliaro y José Aranda, quienes controlarán otro 33% del nuevo pulpo junto a los herederos de Ernestina Herrera de Noble.

El argumento para la fusión es el mismo que discutían Kirchner y Magnetto una década atrás, con notable visión estratégica: el negocio de las comunicaciones avanza hacia una convergencia imparable, requiere cada vez mayores inversiones y solo los gigantes con espalda financiera sobreviven. En ese contexto, voceros del holding se ufanan off the record -y no sin algo de razón- de haber aprovechado mejor que nadie los favores de los sucesivos gobiernos que otras empresas de comunicación y de medios también recibieron. Omiten, claro, lo que advierte el investigador del Conicet Martín Becerra, un crítico de cómo el kirchnerismo reguló al sector: que en el mundo rico esos pulpos son objeto de límites antimonopolio que no permitirían una posición dominante como la que tendrá acá Telecom-Cablevisión.

Aunque ponderó en privado ante decenas de periodistas las bondades de la competencia en el mercado de los medios, Macri terminó avalando una concentración inédita en el planeta. Fue a través de una seguidilla de decisiones clave que rubricó desde el Enacom Miguel De Godoy. Antes de eso, por decreto, el Presidente se ocupó de derogar los artículos de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual que la Corte Suprema había ratificado frente a los planteos de inconstitucionalidad de Clarín. Todo un canto a la seguridad jurídica.

El holding de la trompetita gestionará casi seis de cada diez conexiones a internet del país y cuatro de cada diez conexiones a la TV paga. A la vez producirá buena parte de los contenidos que naveguen por ellas y será una presencia ineludible en la vida cotidiana de todos los argentinos. ¿Contra quién competirá ahora? Se lo preguntó un asesor al mismísimo Magnetto la semana pasada. "Contra Netflix", respondió el contador. Horas después, el Gobierno anunció la creación de un impuesto especial para el servicio de streaming.


Inseguros. El capitalismo de amigos, sin embargo, no es el mejor acicate para la inversión. ¿Qué harán ahora las dos multinacionales que competían con TelecomPersonal en el mercado de telefonía móvil pero que ahora quedarán en desventaja al no poder ofrecer "cuádruple play"? Tanto Claro (de Carlos Slim) como Movistar (de Telefónica de España) necesitan invertir al menos 400 millones de dólares al año para mantener sus servicios en forma. Pero todavía aguardan para poder usar las frecuencias de 4G que pagaron al contado y en dólares bajo el gobierno de Cristina Kirchner, a diferencia de los que obtuvo Clarín para Nextel con Macri mediante un pase de magia regulatorio. En los lotes que todavía no les entregaron se amontonan otros poderosos okupas: varias señales del grupo Vila-Manzano y del expresidente de la Cámara de Diputados menemista, Miguel Angel Pierri.

El nuevo pulpo de las telecomunicaciones cita como una de sus fortalezas que las tarifas de sus dos principales servicios (celulares e internet) no están reguladas por el Estado. En el mundo desarrollado no solo lo están, por su creciente importancia para la vida cotidiana, sino que hasta está normado el tendido de la fibra óptica. Los edificios, por ejemplo, se proyectan con cañerías especiales para las redes de información. Así erigió César Pelli la torre de YPF en Puerto Madero, siguiendo estándares internacionales que aquí todavía no se aplican.

Pero la regulación no solo debería proteger a los usuarios de la posición dominante de un proveedor de un servicio cada vez más esencial. También a sus accionistas minoritarios. La acción de Telecom trepó de $54 a $97 en el último año, muy por encima de la inflación, pero su salto decisivo se produjo el lunes 26 de junio, cuando el volumen operado cuadruplicó el promedio diario de los meses previos. El mercado recién se enteró el viernes 30, después de que ambos directorios aprobaran la propuesta de fusión para ambas asambleas. ¿Habrá habido inside information?

La seguridad jurídica para unos es la inseguridad para otros. Cien escalones abajo de Asia de Cuba en la pirámide social, por caso, se amontonan los miles de empleados y jubilados bonaerenses que hicieron colas interminables para aprovechar el descuento de hasta $1.500 que ofreció el Bapro el segundo miércoles de junio para quienes compraran con sus tarjetas en supermercados. Todavía no está claro cuánto le costó la promoción al banco ni al fisco bonaerense, pero las cadenas que adhirieron multiplicaron ¡por diez! las ventas de ese día. El furor fue tal que el Banco de Corrientes acaba de imitar el ejemplo de María Eugenia Vidal.

En los focus groups que empezaron a organizar las cadenas de súper e híper, desesperadas por un consumo que no parece tocar piso, salta a la vista la nueva sensación de inseguridad que produce el recorte del poder adquisitivo del salario. "No tengo horizonte de gasto. No sé si el mes que viene tengo que gastar más en servicios o en nafta, así que por las dudas si me sobra algo me lo guardo", responde allí el atribulado comprador promedio.


Nafta al fuego. En el Banco Central y en la Secretaría de Comercio, sin embargo, cayó mal la promoción del Bapro con los supermercados. "Va en contra de nuestra intención de sincerar los precios", dijo a ejecutivos del sector un funcionario con despacho cerca del de Mike Braun, el sobrino del dueño de La Anónima. "Francamente no lo entiendo", les dijo a los mismos ejecutivos un director del Central. Son dos áreas del Gobierno donde no entran las razones de la política. Y mucho menos las de una campaña que solo María Eugenia Vidal parece empezar a percibir peliaguda para el oficialismo.
En Reconquista 266 cayó mucho peor aún la suba de los combustibles que dispuso el ministro petrolero Juanjo Aranguren. "No tiene ningún sentido. El barril de petróleo bajó 15% en lo que va del año y el dólar casi no había subido hasta esta semana", le dijo un estrechísimo colaborador de Federico Sturzenegger a un viejo colega académico, mientras procuraba calmarlo frente a la escalada del dólar.

La única razón para la suba en los surtidores, para el hombre del Central, es el lobby que hicieron las petroleras privadas ante Aranguren. El mismo capitalismo de amigos que abre paso a los nuevos pulpos del establishment sigue alimentando a los viejos. Por eso la Cámara de la Construcción, el cenáculo de la patria contratista, festejó que Odebrecht haya vendido su parte del soterramiento del Sarmiento. Si todo sigue como hasta ahora, el único que pagará por sus promiscuos negocios con Julio De Vido es su expresidente Carlos Wagner, imputado junto a él en varias causas. Y quizás ni siquiera. Al fin y al cabo, a De Vido se lo acusa de delitos que solo pudieron haberse llevado adelante con la complicidad de socios actuales o antiguos del Presidente. Los fueros más efectivos del país.

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