Jun 22 2017 - 21:50

El Durán Barba de Cristina, los tentáculos de Castillo y el puente Massa-Randazzo

                              

Alejandro Bercovich
abercovich@diariobae.com

El recorte de pensiones por discapacidad abrió una nueva grieta en el gabinete justo en medio del cierre de listas. Las heridas no terminaron de restañar pese a la marcha atrás que anunció la ministra de Desarrollo Social, Carolina Stanley. Apenas trascendió la noticia, Gabriela Michetti apuntó directo contra Mario Quintana, el hombre que le acercó a Mauricio Macri la planilla donde se consignaba un aumento exponencial de esos subsidios durante el kirchnerismo. "Estos chupamedias quieren ajustar todo ya y no se dan cuenta de que hay gente vulnerable y una elección en el medio", soltó en un almuerzo en la Casa Rosada, a metros del despacho que ocupa el vicejefe de Gabinete. Todavía no había llegado la ola de intimaciones a pensionadas por viudez para que acrediten su condición ante la ANSES.

La disputa entre el ala política y el "ala CEO" no es una novedad en el oficialismo. La gravitancia de unos y otros fluctúa en paralelo a la imagen presidencial. "Cuando Mauricio se siente fuerte, como después de la Plaza del 1º de abril, deja de lado la política y se recluye en (Gustavo) Lopetegui y Quintana. Y ahí es cuando nos mandamos las peores cagadas", confiesa un referente de los primeros. Aquella vez fue la represión a los maestros. También el ultimátum al gremio de trabajadores lecheros que agravó la crisis de Sancor, todavía abierta. Por estos días, con la aprobación de Macri en descenso, la mesa se vuelve a abrir.

Por encima de esas intrigas palaciegas se pactó un armisticio para la campaña. Marcos Peña debió aceptar que ninguna decisión sobre las candidaturas se tome sin que intervengan María Eugenia Vidal y Horacio Rodríguez Larreta. La gobernadora desterró para siempre a Emilio Monzó, viejo rival interno del jefe de Gabinete, e impulsó a Gladys González, quien hoy será oficializada debajo de Esteban Bullrich en la lista bonaerense de senadores del oficialismo. La cara de la gira proselitista será la propia Vidal, pero la apuesta es convertir a la esposa del jefe de la Legislatura, Manuel Mosca, en su clon. Su bandera: la pelea contra las mafias. Su cocarda: la cabeza del "Caballo" Suárez, jefe del sindicato marítimo cuya intervención encabezó, preso desde septiembre por extorsionar a empresarios del rubro.

En la arena porteña, el único territorio donde PRO está obligado a ganar, Elisa Carrió prevé un camino poco escarpado. Aunque habría preferido a alguien más preparado, Rodríguez Larreta acató sin chistar la orden que le transmitió Macri por teléfono: en uno de los tres primeros lugares debía estar Fernando Iglesias, exponente del antikirchnerismo más furioso, por momentos caricaturesco. Se conformó con que el tercero quede para su leal Carmen Polledo, conocedora del trabajoso y costoso toma y daca al que forzó sistemáticamente al PRO la bancada Lousteau-Nosiglia desde 2015. Resta ver si tanto el intendente como Carrió atienden el consejo de Jaime Durán Barba de ignorar al padre de la resolución 125 o si optan por exponer el tupido entramado de negocios de sus mecenas con la Ciudad. Dependerá de cuán enojado siga Macri con Enrique Nosiglia.

Consultores salados
El pícaro publicista José "Pepe" Albistur le recela un poco, pero el némesis ecuatoriano de Durán Barba fue clave en el aggiornamiento estético que exhibió Cristina Kirchner en su acto en Arsenal. La apelación a los castigados del modelo macrista, que será su leitmotiv, fue escenificada por Vinicio Alvarado, jefe de campaña de Rafael Correa y estratega de la reciente victoria de su delfín, Lenin Moreno, frente al banquero Guillermo Lasso. Así fue como quedó abajo del escenario hasta Máximo Kirchner, quien convenció a la expresidenta para que sea candidata. Una candidatura que los intendentes del Conurbano todavía esperan ver firmada mañana para respirar tranquilos.

Los grandes empresarios tienen problemas más
acuciantes, como la metástasis del Lava Jato

En esa recta final, las negociaciones a través de terceros entre Sergio Massa y Florencio Randazzo seguían abiertas anoche. Todo puede ser: desde que Randazzo se sume a la lista renovadora hasta que él y Massa disputen una novedosa PASO "de la avenida del medio". El pacto con el chivilcoyano incluiría derecho de admisión y dejaría heridos: dos de ellos son Alberto Fernández y Héctor Daer, que abandonaron a Massa cuando Randazzo estaba en alza. Despojado de los fondos que aportaban los sindicatos que le dijeron adiós, el exministro del Interior y Transporte enfrenta un desafío complicado: debe costear su campaña con fondos propios. Y así no hay fortuna ni ingeniería contable que alcance.

Los grandes empresarios parecen poco proclives a apadrinar candidatos. Tienen problemas más acuciantes, como la metástasis del escándalo de coimas de Odebrecht y el caso Lava Jato. No solo por el masivo pedido de indagatorias que acaba de lanzar el fiscal Federico Delgado, que incluye al otrora poderoso jefe devidista de ESUCO y de la Cámara de la Construcción, Carlos Wagner, sino también por los avances de la megacausa en Brasil, donde aparece complicado Ludovico Rocca, sobrino del mandamás de Techint. Justo el joven que Macri le sugirió a su tío Paolo "sacar a jugar en primera", para impulsar un recambio generacional en la dirigencia empresaria que se convirtió casi en su obsesión.

Los nexos del poder económico y la corrupción con la política son tan transversales que hasta Jorge Castillo se convirtió en una bomba de tiempo. La cinematográfica detención del zar de la Salada, que le vino como anillo al dedo al oficialismo para restarle atención mediática al acto de Cristina y para rememorar su amistad con Guillermo Moreno, amenazaba anoche con pegar la vuelta como un búmeran. Es que tan ciertas como su viaje a Angola de la mano del exsecretario de Comercio son sus declaraciones de mayo último a AM1300 La Salada, su propia radio, donde anunció que presentaría una lista propia en la PASO de Cambiemos de Lomas de Zamora.

Supermercado del mundo
Las vueltas de la política hicieron que Gustavo Vera, socio de Moreno en la lista de precandidatos peronistas porteños auspiciada por el Papa Francisco, fuera el principal impulsor de la causa que terminó con su amigo Castillo detenido a los tiros en su mansión. No es la única pirueta que el destino pega cerca de Moreno. El martes prestará declaración indagatoria en el juzgado de Rodolfo Canicoba Corral por la causa sobre la manipulación de estadísticas del INDEC. Al margen de que el juez se tomó una década para indagarlo, quienes lo denunciaban (como Jorge Todesca) ahora son sus aliados. A los técnicos que le pidieron que colabore con el juez para que Moreno pague por sus atropellos, Todesca les respondió que hay miles de juicios de acreedores que podrían activarse y "quebrar al Estado" si la Justicia verifica la mentira evidente para todos.

Lo que empieza a salir a la luz es el descontento de sectores que el macrismo auguraba a esta altura de su lado. El supermercado del mundo que no fue. Ahí se inscriben las quejas de la Cámara de la Industria Productora de Alimentos (CIPA) por las importaciones de latas de choclo y tomates que hasta ahora denunciaba en soledad José De Mendiguren. También los despidos masivos en Pepsico, Ingredion, Quilmes, Sancor, Lanxess y, próximamente, Coca-cola. Y el malestar que transmitió Arcor porque no solo se importan golosinas baratas sino que se complica el ingreso de sus productos a mercados como el europeo.

En un mundo cada vez más cerrado, las visitas de presidentes no se traducen en ventajas comerciales para las empresas argentinas. Y nadie sabe si esas ventajas llegarán después de las elecciones, cuando se ponga en marcha el ajuste fiscal definitivo que planificó Nicolás Dujovne y que Hacienda plasmó en varios informes internos que ya llegaron a la Rosada. Lo que sí crecerá casi con certeza es la conflictividad.

image_print