May 18 2017 - 20:23
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Claude Chabrol, el hombre que se reía de la burguesía

Suspenso, crimen y sexo a la manera francesa

Leonardo M. D’Espósito
ldesposito@diariobae.com

Siempre será un poco equívoco hablar de la Nouvelle Vague. Siempre habrá que explicar que, lejos de ser una escuela, se trató de un movimiento bastante disímil que tuvo, sí, elementos en común, como el hecho de salir de los estudios para filmar en locaciones, la producción un poco artesanal, la creación de un nuevo star system y -esto quizás fue un poco lo que condenó a muchas películas- cierto peso intelectual que a veces lastraba los mejores filmes. Pero entre sí, los realizadores eran muy diferentes y ese, el de dejar plasmada la huella personal en cada obra, es el más fuerte y paradójico rasgo en común.

Por mucho, el más prolífico de los hijos del movimiento fue Claude Chabrol, que superó con creces las cincuenta películas (llegó allí con la encantadora comedia negra No va más). Claro que no todas sus películas son obras maestras; hay algunas directamente inmirables y, en sus últimos años, se repitió bastante en la condena a la "sociedad burguesa" que es su mayor tropo. Porque sí, a Chabrol le caían muy mal esos franceses distinguidos, dueños de casas en el campo y llenos de giros literarios, y los ha ridiculizado constantemente, desde su opera prima El bello sergio hasta su última película, el policial Bellamy. Ahora bien: lo interesante, lo divertido de Chabrol es que era un gigantesco admirador de Hitchcock -con Eric Rohmer escribió no solo el primer libro dedicado al mago del suspenso, sino que ese libro fue el primero dedicado a un estudio crítico de un realizador de Hollywood, y sigue siendo importante- y que usa el suspenso, la crueldad y el humor sardónico para atrapar al espectador.

Es decir, es un devoto del suspenso. Definamos: "suspenso" no es algo que solo aparece en las películas policiales, sino en todo. Implica que algo (una situación, una emoción, un elemento) quede "suspendido", y eso a nosotros, espectadores, nos obliga a desear que deje de estarlo, que eso se resuelva ante nuestros ojos. Ese mecanismo es el que cautiva nuestro interés. Chabrol lo usó en melodramas, policiales, alguna rara película de aventuras, comedias y sátiras, que componen toda su filmografía.

Chabrol fue, por lejos, el más prolífico
realizador de la Nouvelle Vague

El problema de su obra reside en que filmaba por placer y eso lo llevó a realizar algunas películas (muchas, en realidad) que no han cuajado del todo o que han quedado atadas a su tiempo. Su cinefilia clásica aparece siempre (piensen que rodó en inglés una remake de Doctor Mabuse, el clásico de Fritz Lang, con la estrella de Flashdance Jennifer Beals; de paso, no está mal esa película) pero a veces se queda con algunas imágenes o secuencias, con algunas citas, que no se integran del todo a la película. Eso sí, cuando acierta, logra genialidades.

Su cine es una autopsia de la burguesía
a través del melodrama y el suspenso

Por eso esta selección es complicada, más bien una guía para empezar y buscar. Lo esencial para el inicio, creemos, pasa por estos títulos.

1) Los primos. Un joven de provincias se muda a París, a casa de su primo, con el objetivo de estudiar. Este primo es bastante decadente y disoluto, menos preparado para el estudio que para pasarla bien sin importar el día siguiente. En esas idas y vueltas sociales, llenas de alcohol, tabaco y algo de sexo, comienza a desarrollarse un drama de tensiones que termina en un crimen. Lo magistral, además de cómo se ve París, es cómo Chabrol va de a poco construyendo la tragedia, casi sin que nos demos cuenta.

2) El carnicero. Otro pueblo de provincias. Hay asesinatos y se cree que un asesino serial anda suelto. Pues bien, no solo lo creemos nosotros, sino la maestra del lugar, que además está convencida de que se trata del carnicero. Pero resulta que, además de eso, se siente bestialmente atraída por él y por el peligro. Con esta historia policial, de puro suspenso, Chabrol analiza la hipocresía y las represiones provincianas con un gusto absoluto. La secuencia de la maestra encerrada y acosada es de lo mejor del cine contemporáneo.

3) Niña de día, mujer de noche. La película que hizo que el universo descubriera a Isabelle Huppert -gran compinche del director- y le dio una Palma de Oro en Cannes. Durante el intervalo entre las dos Guerras Mundiales, una joven de clase baja trata de hacerse un camino a través del ejercicio del sexo, y huir de una familia abusiva. Lo que lleva a tragedias y crímenes. La perversión reflejada en la película es opresiva, pero al mismo tiempo uno no puede no empatizar con la protagonista.

4) El Infierno. Tomando un proyecto que dejó trunco HenriGeorges Clouzot (el de Las diabólicas y El salario del miedo), Chabrol muestra otra veta, la del retrato de la locura. Un hombre -François Cluzet- sospecha que su mujer -Emmanuelle Béart- le es infiel. No es así, pero su cabeza va construyendo indicios y eso lo lleva a la locura total. Tanto, que la película entra hacia el final en un "loop" increíble, como si enloqueciera con él. Aquí no se estrenó, pero sí se editó en video.

5) La ceremonia. Quizás su mejor película, basada en una novela de Patricia Highsmith. Hay una muchacha contratada por una familia rica de provincia, intelectual y -por decirlo de algún modo-, "progre". Esta chica es analfabeta, pero finge no serlo. Se hace amiga de una extraña empleada de correos y entre ambas comienzan a tejer una enorme y sangrienta venganza por una nimiedad absoluta. La cima del filme es una masacre musicalizada con opera que está entre lo más perturbador e irónico que dio el cine. La Huppert está más desquiciada que en sus papeles de desquiciada, Sandrine Bonnaire asusta, y Jacquellne Bisset tiene un trabajo de una sutileza notable para mostrar los verdaderos prejuicios de clase.

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