May 17 2017 - 20:51

Los argentinos y su consumo de pornografía

                          

Leonardo M. D’Espósito
ldesposito@diariobae.com

Buscando material sobre el erotismo y el juego entre el arte y el sexo, me topé con un estudio de septiembre de 2016 sobre consumo de pornografía en Argentina. El estudio fue realizado por el Observatorio de Internet en la Argentina y la encuesta se realizó vía Facebook. Fueron poco más de 1.500 casos, lo que parece poco significativo pero está muy bien. El resultado: el 81% de los argentinos adultos consume pornografía, en promedio entre los dos géneros. Es decir, el 93% de los hombres y el 72% de las mujeres.

El 93% de los adultos consume pornografía; el 82% de los
hombres y el 71% de las mujeres, todo un cambio social

¿Dónde? En la casa el 98%. En el trabajo, el 8%; el 3% en “otros” (baño público, facultad, hotel, taxi) y la idea era responder en todos los lugares donde se consumía.

La cifra crece de un 25% por la mañana a un 82% por la noche. La gente que más consume -como por lo demás cualquier cosa, desde películas de superhéroes hasta diarios y pizzas- es la de la franja etaria de 19 a 44 años, que implica el 91% de los encuestados. El 72% mira en solitario; un 25% a veces solo y a veces, acompañado; y un 3% siempre acompañado. La mayoría de ese 3% lo constituyen mujeres.

Curiosamente, el 11% de las personas que miran porno desde el trabajo lo hace acompañada; dos tercios de esa parte está compuesta por mujeres (el famoso “mirá lo que me mandaron”, obviamente; para el universo considerado son no más de 45 personas).

Más datos: el 63% de las personas que envían o reciben pornografía por chat tiene pareja (el 71% son hombres). El 37% de las personas que miran pornografía durante la mañana siente culpa (el 59% son mujeres). El 4% paga. El 71% de los que paga, siente culpa. El 78% de las personas que pagan para acceder a contenido pornográfico consideran que es adictivo. El 56% de las personas que consideran adictiva a la pornografía, la consume desde el celular (el 60% son hombres). Hay más datos, y se puede ver todo en una nota de Pablo Petovel en www .merca20.com llamada “El mayor estudio sobre consumo de pornografía en la web que se haya hecho”. Gracias, de paso.

Pues bien. Lo que queda claro en este estudio es que la pornografía no es un problema demasiado grande para las nuevas generaciones, que la consumen como cualquier otro entretenimiento. También que, contra lo que dice la corrección política, es mucho menos un “aditamento al juego erótico” (eso es lo que suele responderse) que el estímulo para una actividad individual (que es lo que todos adivinamos, dicho sea de paso). Como también hemos contado más de una vez, el crecimiento en Argentina del público femenino en los últimos años es grande. De hecho, configuran la mayoría de los nuevos usuarios desde el anterior muestreo (realizado en 2014 por la misma entidad) y el del año pasado. Entre ambos, el consumo de porno en internet creció un 45%. Por otro lado, el año pasado le ganó a casi todas las búsquedas populares (salvo un pequeño pico cuando se lanzó el ya prehistórico Pokémon Go... ¿Se acuerdan de Pokémon Go? ¿Alguien?). Pero un dato que dice mucho es el siguiente: “El 60% de las personas que sienten culpa o remordimiento al mirar pornografía pertenece al interior del país; de este universo, el 20% mira pornografía todos los días”. Es decir, en ámbitos urbanos, la pornografía y el sexo en general son temas menos tabúes que en localidades pequeñas o en ambientes rurales, por lo general más reprimidos. En realidad no es que no se consuma sino que aparece con más frecuencia la culpa.

En las áreas urbanas es menos frecuente que los
usuarios sientan culpa por mirar sitios pornográficos

¿Por qué en ciudades? Probablemente por el ritmo laboral, el ruido y, sobre todo, la gestión de tiempo escasa. La pornografía termina funcionando como paliativo a la actividad sexual en muchísimos casos, y eso, incorporado a la vida cotidiana, no se ve con culpa. Y además, es importante tener en cuenta que internet “encierra” cada vez más a las personas en su propio lugar, en sus actividades, en una especie de autosustentabilidad que es, también, el futuro del trabajo. Un mundo más libre, parece, pero más solitario.

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