May 17 2017 - 23:50

Argentina llega a Cannes con coproducciones

Títulos y expectativas. El filme de apertura, con acento francés y algo más

Fernando Juan Lima
Cannes
Especial para BAE Negocios

En un año sin presencia latinoamericana en la Competencia Oficial, el anuncio de alguna película argentina se hizo esperar. La inclusión de La cordillera, de Santiago Mitre, llegó sobre el final, cuando ya se conocía la mayoría de las obras que participarán de la sección Un Certain Regard. Es usual que se dejen algunos lugares para anuncios de último momento, y la noticia aplacó la sensación de que Argentina este año se quedaría sin nada. Santiago Mitre es un conocido de la casa: su película anterior, La patota, pasó por La Semana de la Crítica (donde fue premiada, en 2015) y la producción que ahora presenta contó con el apoyo del festival a través del reconocimiento como mejor guión en desarrollo entre los proyectos presentados en L’Atelier de Cinéfondation (también en 2015).

Todos los títulos argentinos son en
realidad coproducciones con otros países

Sin embargo, esa sensación de que ninguna película argentina formaría parte del seleccionado cannino no era del todo justa, en realidad. También en Un Certain Regard se presentará La novia del desierto, dirigida por Cecilia Atán y Valeria Pivato, con el protagónico de la gran actriz chilena Paulina García (Gloria), que aparece asimismo en La cordillera. Quizás el hecho de que se trate de una opera prima o que estemos ante una coproducción con Chile haya contribuido a esa sensación, aún cuando el también tardío anuncio de su presencia en esta sección, en la que competirá por ejemplo, con las últimas películas de Mathieu Amalric, Laurent Cantet, Michel Franco y Kiyoshi Kurosawa, llegó antes que el del filme de Mitre.

Por su parte, siempre en el terreno de las coproducciones (La cordillera también lo es), pero en la sección paralela Semaine de la Critique, verán la luz el cortometraje Selva, de Sofía Quirós (de nacionalidad argentina y costarricense, afincada en Buenos Aires, aunque en el filme la acción transcurra en Costa Rica y en los medios internacionales se haga referencia a la primera presencia de este país en el festival) y Los perros, largometraje dirigido por la chilena Marcela Said (El verano de los peces voladores).

Pequeño manifiesto en contra del cine solemne es el llamativo título del cortometraje de Roberto Porta elegido como parte de la selección de la Cinéfondation (y que bien podría referir a un importante porcentaje de las películas del festival) y en la sección Cannes Classics podrá verse la inquietante Sangre negra (Native son), de Pierre Chenal, fuerte alegato contra la discriminación racial filmado en 1951 que Fernando Martín Peña recuperó hace poco para un Festival de Mar del Plata.

Apertura con acento francés
La selección de la película de apertura siempre implica una señal, un signo al que todos prestan atención. De ahí que muchas veces los motivos de su elección poco tienen que ver con razones cinematográficas (de hecho, el disparo de largada suele tener lugar con un mal filme). En este sentido, la edición del 70º aniversario implica para el festival un volver a mirarse a sí mismo, a ver qué imagen le devuelve el espejo respecto de la Francia del presente. En este sentido, que se haya escogido la última película de un director consagrado, que ha sabido conjugar películas muy personales con cierta repercusión pública, resulta ciertamente atinada. Les fantomes d’Ismael, de Arnaud Desplechin (Reyes y reina, El primer día del resto de nuestras vidas, Tres recuerdos de mi juventud), con un seleccionado protagónico integrado por Mathieu Amalric, Marion Cotillard, Louis Garrel y Charlotte Gainsbourg, se llevó sólo unos tibios aplausos de la crítica con su historia de espías, cine y regresos del más allá. Una apuesta arriesgada pero muy inteligente para comenzar con todo la fiesta cinéfila.

La inclusión de La cordillera llegó sobre
el final, muy cerca del inicio de la muestra

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