Abr 21 2017 - 1:00:
tmb /

El maestro de los héroesanárquicos - Robert Aldrich

Un realizador poco reconocido del que habla la serie Feud

Leonardo M. D’Espósito
ldesposito@diariobae.com

Dado que casi todo el mundo está viendo Feud, la serie sobre la rivalidad entre Bette Davis y Joan Crawford durante el rodaje de ¿Qué pasó con Baby Jane?, es un buen momento para recordar a uno de los grandes realizadores olvidados de Hollywood: el talentoso, desparejo y desaforado Robert Aldrich, que tiene en su carrera unos cuántos clásicos realmente grandes. Para muchos, especialmente para sus colegas, Aldrich no era más que un realizador clase B al que, cada tanto, le daban buenos actores o un presupuesto generoso. Aunque muchos críticos lo consideraron ya en los ‘60 como un autor, la mayoría siguió viéndolo como un correcto artesano.

Uno de los temas de sus películas es el individualismo a veces anárquico que hace que cualquier acción heroica fracase o se mueva solo por el simple egoísmo. Pero paradójicamente, el bien puede surgir de ese impulso anárquico. Hay algo más: muchas veces en sus películas el núcleo es la confrontación entre dos personas que sólo en apariencia están cada uno en un lado diferente del espectro moral. Pero a medida que las tramas avanzan, notamos que en su cine es difícil de diferenciar a los "buenos" de los "malos". Bueno, salvo los nazis, que sí son malos y lo merecen.

En su carrera podemos encontrar toda clase de películas, pero hay algo que las une: los personajes están siempre muy cerca de la caricatura. Incluso en algunos casos se dan cuenta de eso y ese reconocimiento los vuelve más patéticos y más tristes, más emotivos en lugar de que nos riamos de ellos. Es decir: llegamos a la emoción por el personaje a través de su patetismo. Es un método inverso al que sucede cuando se sobreactúa. Es difícil, pues, que sintamos empatía por sus criaturas salvo que se pasen de la raya o se la jueguen entera. Ahí sí, surge una especie de verdad luminosa y terminamos congraciados con ellos.

En sus filmes, siempre hay dos personajes
en tensión, dos extremos morales

Otra cuestión interesante: muchos de sus mejores filmes giran alrededor de la rivalidad entre dos personas que están unidas por un lazo que es ajeno al que vemos en la pantalla. Dicho de otro modo: han sido hermanos, o tienen una relación de rivalidad por algo que no está en el filme, que ha ocurrido antes. Dos de sus obras maestras tienen este asunto como núcleo: Veracruz y ¿Qué pasó con Baby Jane?

Hay algo salvaje en su estilo: sus fotogramas siempre son clarísimos y, cuando aparece la violencia -que es siempre, no importa que se trate de un melodrama o un filme bélico-, lo hace de una manera cruda, sorpresiva y seca. Aldrich parece un cínico pero no lo es: entiende que el mundo es una especie de campo de batalla y esa guerra constante entre las personas es lo que sostiene las historias en sus películas.

Su cine es moderno, alejado de
los lugares comunes de Hollywood

¿Qué ver? bueno, no tiene películas aburridas, así que puede probar con cualquiera. Pero para hacer un Aldrich "esencial", vamos a mencionar justamente sus éxitos, sus filmes más conocidos... y los más sencillos de conseguir.

1) Bésame mortalmente. Es la historia del secuestro de una mujer, pero sobre todo es la historia de una valija que guarda un secreto mortal y nuclear. Esta ficción violenta, basada en una novela de Mickey Spillane (sí, obviamente el protagonista es Mike Hammer, aquí interpretado por Ralph Meeker), es un policial negro y violento, pero sobre todo es la nouvelle vague -por su modernidad, por su uso de las locaciones, por su montaje directo y sin vueltas- antes de la nouvelle vague. Es obvio que Godard la vio antes de hacer Alphaville.

2) Veracruz. Hay un forajido (Burt Lancaster) perseguido por un hombre de ley (Gary Cooper) hasta que cruzan la frontera con México. Y ahí las lealtades van y vienen, los tipos se hacen socios y se desasocian todo el tiempo y, aparentemente, sólo los mueve la codicia, hasta que deciden colocarse del lado moral correcto. Para seguir con lo que decíamos de Bésame..., Veracruz era una de las películas favoritas de François Truffaut. Y si Lancaster sólo hubiera hecho esto y El Gatopardo, ya se habría ganado el lugar en el Panteón. El final es glorioso.

3) ¿Qué pasó con Baby Jane? Una de las películas de Aldrich sobre el cine (como la genial El gran cuchillo -homenajeada por Godard en El desprecio- y la fallida La leyenda de Lylah Clare), pero siempre contada desde atrás, desde lo que queda por el camino. Aquí hay dos hermanas: una fue una estrella infantil; la otra está inválida (por culpa accidental de la primera). Se odian y se aman y se estropean mutuamente la vida, dos personas descartadas por el sistema. Hay sustos y grand-guignol, pero sobre todo hay una emoción cruel.

4) Doce del patíbulo. Este clásico narra cómo doce tipos de lo peor, doce condenados a muerte, son utilizados para una misión suicida contra los nazis. Por supuesto, esa misión queda comprometida cuando uno de ellos -el personaje de Telly Savalas- no puede dejar de "ser malo". Pero para relativizar todo, uno de los más crueles de los "Doce" (el gran John Cassavetes) es el que se la juega por lo correcto. Además de ser un gran filme de aventuras, es la desmitificación de la "guerra heroica" que vendía Hollywood.

5) Muñecas de California. Una de las últimas, donde Peter Falk es el entrenador de un grupo de hermosas peleadoras de catch. Es una comedia, pero también es una especie de metáfora sobre la picadora de carne que podía ser Hollywood. Otra vez, Falk está extraordinario, porque Aldrich era uno de los grandes maestros en la dirección de actores. Además es una película muy divertida con chicas muy lindas.

image_print