Mar 19 2017 - 23:57

Ballenas blancas

Argentina no potencia el fenómeno de atracción turística y desarrollo de la industria cultural como lo hicieron muchos países

Alberto Biglieri
@artenobel
Especial para BAE Negocios

Los comentarios literarios sobre El cisne Negro de Taleb, Pensar Rápido, Pensar Despacio de Kahneman, o el ya prehistórico Padre Rico, Padre Pobre de Kiyosaki, se pueden reducir al sano consejo de leer esos títulos para alimentar nuestro cerebro de una materia prima tan necesaria en la era digital como los fueron las tablas de multiplicar en la educación del siglo pasado.

La desmitificacion de la profundidad científica a la hora de la política de toma de decisiones es un hilo conductor que se presenta como vaso comunicante entre estos trabajos.

De los tres rescato ideas y propuestas que pueden implementarse en alguna política pública que, por definición, surja de un amplio consenso político y que sea acordado para producir efectos positivos en generaciones venideras.

Se necesitan políticas públicas para
el turismo cultural

Así, la discusión del desarrollo de la actividad agropecuaria se reduce a cuál es el grado de aporte manufacturero a esa producción primaria y, de suyo, el efecto distribuidor que impulsa o impulsaría una mayor demanda de mano de obra calificada como garantía de esa distribución, hoy muy concentrada o inexistente ante la gran expansión sojera primaria o comoditaria.

La actividad industrial, siempre atada al debate arancelario, no es objeto de estas reflexiones. La economía formal y clásica, tampoco.

El martes pasado, comentábamos en BAE Negocios sobre la idea de la creación de un Museo del Fútbol Argentino.

Pienso también que, a diferencia de mucha otras ciudades centrales del mundo, Buenos Aires no potencia sus "ballenas blancas".

He elegido esta metáfora para identificar el fenómeno de atracción turística y desarrollo de la industria cultural, que han conformado muchos países, y que son fácilmente comparables cuando nos ceñimos a revisar estos episodios en la subregion. La visibilidad de la producción artística de sus mejores expositores.

Esta limitación del análisis solo se debe a no caer ni utilizar, como punto referencial de alguna propuesta, la superávitaria actividad económica que, directa o indirectamente, genera el arte y la arquitectura en el viejo continente. Michelangelo, Napoleon, Cervantes, Da Vinci, Shakespeare, Picasso, Kafka o Van Gogh, solo por citar algunos, son piezas claves en la atracción que concitan ciudades deslumbrantes, que crecieron, se nutrieron o rejuvenecieron de la mano de las obras de estos superdotados.

Claro, solo con Disney, Estados Unidos puede prescindir de Mark Twain, de Bradbury o Capote, o de Warhol o Lichtenstein. Igualmente para analizar el tema museos yankees es imprescindible la lectura de La estrategia de la Ilusión, de Eco.

Hechas esas disecciones, llegue a este lado del muro Trump.

La peregrinación que genera recorrer en el DF el Palacio Nacional, con los murales de Diego Rivera que cuentan la milenaria historia de los mexicas, atravesar el Zócalo en el Día de Todos Los Muertos y salir a las afueras hasta La Casa Azul de Frida Kahlo, es como sentirse el capitán Ahab a bordo del Pequod.

Sensación que se repite en Bogotá, con cada redondez de Botero, con El Centro Cultural García Márquez, y la escala obligada en Cartagena de Indias para hundirse en la colonia e imaginar a Florentino Ariza o a Fermina Daza perdidos por ahí. De Santiago a la Isla Negra, recitando el número 20 o buscando por las venas abiertas de Montevideo el café el Brasilero o volviendo por Benedetti. Hasta descubriendo la feísima Brasilia, sin playas ni caipirinha pero hecha realidad desde la mente de Niemeyer, Meca de la arquitectura y diseño mundial.

No encontré ni el río ni a las visitadoras en Perú. Demasiado controvertido, todavía.

Pero si nosotros tuvimos a Borges, a Victoria Ocampo, a Bioy, a Cortázar, a Eloy, a Sabato, a Berni, a Soldi, a Prilidiano o a Quinquela, a Pelly, o a Tamburini y a Meano "encarcelados". ¿Qué nos pasa?

Trabajar para dar visibilidad a
la producción artística

¿Cómo no percibimos esta manada de Ballenas Blancas y desafiamos a los miles de Ahab que cruzan el mundo en furiosa persecución?

Política pública para las industrias culturales, mientras crece la producción de Mairal, Aíra, y Sacheri, mientras se sigue expandiendo globalmente Campanella o se consolidan Jorge Macchi y Kuitca.

Espacios temáticos, propiedad intelectual y posicionamiento digital del arte argentino, más apoyo estatal. La naturaleza bendijo a Puerto Madryn y las ayudas públicas y el fomento estatal pueden desempolvar el trabajo de nuestros embajadores de siempre y soñar con la tercera fundación sin que se nos haga cuento.

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