Mar 15 2017 - 19:37

Últimos tiempos para la pornografía

                        

Leonardo M. D’Espósito
ldesposito@diariobae.com

Si saben inglés o más o menos se las ingenian para leer en ese idioma, recomendamos entrar al sitio www.xbiz.com. En esta columna solemos usarlo bastante, porque es algo así como el "Variety del negocio sexual". Todo lo que pasa en el porno y alrededores queda revisado allí. Suele suceder, de todas maneras, que en algunas redes de Wi-Fi securizadas impiden entrar porque lo catalogan como "sitio porno", pero sería un milagro que alguna de las noticias, columnas o incluso imágenes que aparecen allí cause algún tipo de excitación. Business are business.

La posibilidad de ver cualquier tipo de imagen porno desde
la computadora ha cambiado nuestra relación con el sexo

Después de muchos años de revisar el sitio y de leer todas las noticias, se llega a la conclusión de que el sexo ya no es lo que era. En principio, si bien son muchas las noticias respecto de la producción audiovisual, representan sólo una parte del material. La proporción es así: de cada diez noticias, cuatro refieren a la producción de cine -video, en realidad- porno y seis a otros asuntos relacionados (los sitios de citas, la seguridad por internet, los problemas legales de la industria, el negocio de los juguetes sexuales, salud sexual, etcétera). Y de hecho, esa proporción "cuatro de diez" tiende a decrecer cada año.

La pregunta consiste en saber qué sucedió con el cine porno. La respuesta es simple: lo mismo que sucedió o está en proceso de suceder con todo cine que no sea el espectáculo para la pantalla lo más grande posible. La difusión que tiene un filme como el ganador del Oscar Luz de Luna no es mucho mayor que el que tendría, de estrenarse hoy en salas, El diablo en Miss Jones: una excepción a la regla.

Como siempre decimos, el porno es el primero de los entretenimientos audiovisuales en adaptarse a los nuevos formatos. Mucho antes de que los youtubers capturaran la actividad audiovisual de los más jóvenes en la era digital, el video corto sexual con una escena fuerte se había transformado en el estándar para internet, y eso permitió a muchos productores sobrevivir a la caída tanto del DVD -que se vio venir- como del ya pretérito desalojo de los cines. De allí que el relato con sexo explícito haya desaparecido.

Pero veinte años de creciente exposición al porno han hecho que los espectadores fueran hacia otra parte: hacia la experimentación propia. Las cámaras digitales omnipresentes y el software fácil de usar hizo lo siguiente. Ahora bien: se necesitan dos para el tango, como dicen -curioso- los estadounidenses. Así que es necesario encontrar partenaire sexual. Queda claro que el erotismo o el juego del cuerpo, en gran medida y cada vez más para las generaciones más jóvenes, se está divorciando de la necesidad de pareja. Eso explica por qué uno de los negocios más fructíferos del campo erótico sea el de los sitios de citas.

Cuyo problema -porque sí, porque no vivimos en un mundo donde uno pueda tener sexo con alguien con el mismo grado de compromiso o desapego con el que se toma café con un amigo- es la seguridad. Inscribirse en alguna de las redes de contactos con verdadero nombre, tarjeta de crédito y mail implica estar a merced de los hackeos. Que no son en modo alguno imposibles mientras la lógica de las computadoras sea binaria. No hay clave ni sistema que no sea hackeable. Por eso es que la mayor inversión de las empresas vinculadas con un consumo vergonzante (todavía) como el porno y el sexo sea en seguridad informática, y que sus productos luego pasen a funcionar en toda la web.

La mayor parte de las noticias que tienen que ver con el
erotismo están alejadas de la producción audiovisual

Pero volviendo al presente del sexo en la era digital, queda claro que el porno no sólo tiene los días contados salvo como estimulante o sucedáneo, sino que en cierto sentido ha cumplido su objetivo: desdramatizar el juego erótico y el cuerpo, y transformarlo en un campo de libertad. Sí, es cierto: también trae sus problemas, sus dobleces y sus tristezas. Pero el hecho de que el sexo esté al alcance del teclado en cualquiera de sus formas permite que tome una dimensión real y cada vez menos obsesionante. Pronto deberemos decirle a Garganta profunda "gracias por los servicios prestados".

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