Feb 08 2017 - 23:32

Cerebro y risa - Un idioma universal

                                

Ignacio Brusco*
@brusco_N
Especial para BAE Negocios

"La capacidad de reír juntos es el amor"
 Françoise Sagan

Presente en todas las etnias y culturas, se halla también en primates, ratas y otros mamíferos

Durante mucho tiempo el fenómeno de la risa no fue estudiado desde el punto de vista neurológico, a pesar de que este gesto es muy frecuente en el comportamiento humano, especialmente en el apego social entre personas.

Constituye un fenómeno verbal no lingüístico, muy presente en la expresión del Homo sapiens; así como el bostezo, las arcadas o la tos. Tanto que prácticamente es imposible no generarla en cualquier instancia intersubjetiva. Y si alguien ríe muy poco es rápidamente percibido por la comunidad que lo rodea, tildándolo de parco, o en la ficción, de personaje sombrío.

Incluso sin saber el idioma, todos podemos
percibir qué siente el otro cuando nos sonríe

Otra característica de la risa es que genera y aumenta la empatía entre personas. Además se incrementa si el otro ríe, siendo un fenómeno influenciado por el otro; que hasta puede ser contagioso.

Indudablemente la risa generó un espacio gregario entre el humano y participó de su engrama social, impactando probablemente en su supervivencia. Más aún, este elemento fonatorio no lingüístico genera una comunicación, que no es lenguaje gramatical ni prosódico (entonación de las palabras), pero que sin embargo relaciona fuertemente a las personas. Tanto que se plantea que reímos con mayor sinceridad con las personas que amamos.

Acompaña, entonces, a la comunicación social; pues aún sin saber el idioma, todos podemos darnos cuenta de lo que siente el otro cuando nos sonríe. Además genera una respuesta inconsciente en el que observa, al cual se le prenden neuronas en espejo especiales del movimiento de la sonrisa (que imitan empáticamente a las del observado) además de áreas auditivas que perciben el ruido de la risa.

Es interesante describir la importancia de áreas auditivas que permiten discriminar sutilezas sonoras. Éstas ayudan a discernir en forma inconsciente, como estudia Sophie Scott, del Instituto de Neurociencia Cognitiva del Colegio Universitario de Londres. Esta investigadora de la risa diferencia las carcajadas sinceras de las impostadas, pues parecería que tienen componentes fonatorios distintos. Conteniendo mayor cantidad de tonalidades las inconscientes y verdaderas. Observó así que cuando se escucha una risa sincera se activa, en estudios de resonancia magnética cerebral, la zona de percepción del sonido: como el lóbulo temporal superior. En cambio, cuando la risa es impostada se activan las zonas del pensamiento predictivo y motivacional (prefrontal medial y cíngulo anterior), pues alerta sobre qué podría significar esa risa falsa.

Al escuchar y ver la risa se prenden así zonas auditivas y visuoespaciales que luego se comunican con el sistema emocional (amígdala) para posteriormente disparar sistemas de recompensa (núcleo accumbens) que nos genera placer. También se estimulan zonas hipotalámicas, que liberan al cuerpo sustancias que nos relajan, como endorfinas y oxitocina.

El humano comienza a reír a partir de los 3 meses; es decir que antes de presentar capacidad de abstracción y por supuesto lenguaje verbal, tiene risa. Siendo un componente primitivo que puede estar enlazado a situaciones básicas (como la sonrisa de un bebe al ver la cara de su madre) o a otras más complejas: como las ironías que nos hacen reír.

Más aún, la risa existe en primates como el mono y aún en la rata, entre otros mamíferos, a los se les observa sonreír, por ejemplo al hacerles cosquillas. Sea cual fuere el origen y la complejidad, se sabe que la risa produce un serie de respuestas neuronales y químicas en el cuerpo. En general beneficiosas y todos los psiquiatras conocemos que una de las características de las personas depresivas es que dejan de reír y cambian las características de su cara.

Al ver una sonrisa de nuevo en el paciente, es tomada como un síntoma psíquico que permite suponer mejoría en su evolución.

Lo último que pierde un paciente que padece
la enfermedad de Alzheimer es la sonrisa

Según un estudio de la Universidad de Ontario, reímos al menos 18 veces por día, muchas más veces de las que creemos. Siendo el factor sorpresa muy importante para que se desencadene la carcajada espontánea. La que se incrementa cuando mayor cantidad de gente se encuentre compartiendo el momento.

Pocos sonidos son compartidos por todas las culturas y etnias como la risa, existen varios trabajos que lo demuestran. Siendo un engrama clave en la relación entre humanos.

Pero ríen más los niños y en situaciones más inocentes, demostrando quizá que son más felices. Asimismo, lo último que pierde un paciente con la enfermedad de Alzheimer es la sonrisa. Aún luego de haber perdido el habla. Lo que confirma que el reír es un proceso básico, comunicado con la emoción, siendo prelingüístico y muy arraigado a nuestro cerebro primitivo.

*Neurólogo y psiquiatra. Prof. titular UBA.
Fundación Humanas. Conicet

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