Ene 08 2017 - 23:39

Fiscalistas, sustentabilidad y supply side

                         

Eduardo Luis Curia
Especial para BAE Negocios

En nuestra nota anterior, enfocamos el retiro de Prat-Gay del gobierno de un modo bastante diferente al que se popularizó: el choque de estilos entre el Presidente y él. No negamos dicha instancia, pero, preferimos avanzar hacia aspectos más sustantivos de la política económica. El nuevo titular de Hacienda venía desde tiempo atrás realizando comentarios acerca de la política económica general y fiscal en particular, siendo a veces muy crítico con la gestión del ex ministro. Atendiendo a un “principio de seriedad”, estimamos que el ahora ministro Nicolás Dujovne buscará de alguna manera que sus opiniones incidan en su cometido oficial.

Creemos directamente que, de cara al 2017 y sus comicios, cuando cobra relevancia el meneado asunto del rebote económico tan remolón -las autoridades hablan de que se llegó al piso de caída y que ahora iría asomando la reacción-, se coló la cuestión de la sustentabilidad macroeconómica (sostenibilidad “afiatada”) del esquema económico. Se aceleraron los tiempos en este tópico, con relación al cual alertamos en su momento que progresivamente ganaría espacio.

A nuestro entender, el nombramiento de Dujovne, más allá del roce de estilos, implica subir la atención sobre la sustentabilidad, respecto de la cual el nuevo ministro insinúa una respuesta que tachamos de “fiscalista”. Lo que coincide mucho con la reciente aparición de Macri reponiendo en el tapete el énfasis sobre el gasto y el déficit fiscales. Es como si una fisura detectada en torno a la perspectiva de sustentabilidad macro, haya llevado a reemplazar el gradualismo displicente de Prag-Gay por el presuntamente pulcro de Dujovne. El que supone “holismo”: un paquete que incluye un mayor control del gasto, el recorte del déficit y un conjunto de medidas impositivas (“reforma”).

El plan y enfoques opuestos sobre el requisito de sustentabilidad
No se altera la trascendencia del apalancamiento en la toma de deuda, y el propio ministro de Finanzas Luis Caputo perfiló un sendero ascendente sobre el particular. Ahora se consideraría que ese mecanismos clave exigiría un respaldo mayor, el que sería deparado, precisamente, por la mejora del enfoque fiscal.

En el paquete, se alude mucho a una reforma tributaria más o menos amplia, centrada en el ataque a los llamados impuestos “distorsivos” -vgr., a los ingresos brutos, al cheque, a las contribuciones sociales si se quiere-, sumando, se dice, cierto recorte del IVA (incluso, alguna vez Dujovne habló de atenuar la progresividad de ganancias).

No se trata de un tema relegado a la manipulación
de costos; sino asociada a los precios relativos

Dos aclaraciones: estrictamente, no existe una reforma tributaria “en sí”, deslindada de un esquema de política mayor, con sus especiales preferencias. Algo dice en este punto, por ejemplo, el planteo de eliminar la doble imposición de los fondos cerrados de inversión y la retención de ganancias en las operaciones en títulos y acciones de los no residentes. Asimismo, el que haya impuestos rústicos o distorsivos, no impide automáticamente crecer; sino, véase lo ocurrido durante 2003(02)/07, cuando aun vigentes tributos distorsivos, se creció a tasas salientes. Pero, acéptese que vale intentar correcciones.

Hay, pues, una verdadera prestidigitación fiscal -PF- en aprontes, que, por lo demás, no debe molestar la posibilidad del ansiado rebote económico. Más aun: ¡ese rebote debería arrimar margen de maniobra a la PF!. La idea de Dujovne de un horizonte de acotamiento del gasto público en términos reales, confluye con la noción de una ruta de crecimiento, “empezado con ello, ¡ya!”.

O sea: le corresponde a la PF fungir como respaldo del apalancamiento en la toma de deuda externa y del correlativo aflujo de divisas -quizás, en el seno de una espectro financiero mundial más irritado-, el que, prima facie, persiste como primer motor del esquema económico en aplicación. Por de pronto, si ese apalancamiento supone una mayor partida fiscal para intereses y accesorios, la garantía acorde estribaría en achicar la incidencia del gasto primario. En definitiva: la vía fiscalista es convocada para mantener en forma, y a buen recaudo, el indispensable aflujo de dólares. ¡De eso se trata!.

Fiscalismo-sustentabilidad -aflujo de divisas; pero, y del tipo de cambio, ¿qué?. Un déficit fiscal que se achica, en determinadas condiciones, podría estimular las inversiones y las exportaciones. Esto se lo trató de explica Feldstein a Reagan en 1984 cuando era el jefe del Consejo de Asesores Económicos. ¿Por qué?. Porque tallando una flotación cambiaria plena, habría una reducción de la tasa de interés y al salir capitales, esta salida haría caer el valor del dólar, promoviéndose así aquellas variables.

El incordio en nuestro caso es que la estrategia aplicada es un debt led model “a rabiar”. Se basa en la exigencia de un aflujo permanente de divisas, lo que, en principio, favorece un tipo de cambio real muy flojo. Y tampoco el Banco Central puede contrariar aquella exigencia.

Por ende, dicho sin rodeos, en nuestro contexto dominante, la visión fiscalista acerca de la problemática de la sustentabilidad tiende a calzar con un tipo de cambio real bajo. Se da de traste, entonces, con una fórmula que “mira” el tópico de la sustentabilidad desde el eje del tipo de cambio competitivo (de la cual, lo fiscal sería un capítulo riguroso, pero “derivado”).

¿Cuál es el planteo fiscalista?: agitar
la bandera de la supply side (ofertismo)

Ahora bien, ¿cuál es el plan - teo fiscalista sobre las exportaciones, las inversiones y el empleo de la mano del cambio bajo?. Sencillo: agitar la bandera de la supply side (ofertismo). Se buscaría recortar tal y tal costo...; a las resultas, se alega, esas variables se entonarían.

Discrepamos seriamente con esa postura. Internarse en el juego meramente costista, aunque se aborden costos plurales, es enredarse con elasticidades de respuestas a las medidas, las que tienden a ser muy acotadas. Porque a la postre, en lo esencial, no se trata de un tema relegado a la manipulación de costos; por el contrario, fundamentalmente, se trata de una cuestión asociada a los precios relativos de alcance macroeconómico -¡aquí gravita la distorsión global radical!- , con claro énfasis en el tópico del tipo de cambio real (atrapado en una mala posición de equilibrio). El fiscalismo, con sus variadas implicancias, y la visión centrada en el tipo de cambio, son las dos aproximaciones por excelencia, opuestas entre sí, para encarar la sensible cuestión de la sustentabilidad macro.

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