Dic 25 2016 - 22:23

Ansiedad sobre la economía de Trump

                                   

Eduardo Luis Curia
Especial para BAE Negocios

Al aproximarse la asunción de Donald Trump a la presidencia de EE.UU. crece la ansiedad general acerca de cuáles terminarán siendo de facto las políticas que aplicará. Teniendo a la mano una comparativa entre tales políticas y lo que han sido las definiciones de campaña.

Tempranamente, sólo unos días después de los comicios, nosotros efectuamos un ensayo de caracterización, desde ya muy hipotético, sobre lo que “podía ser” la estrategia económica general del nuevo presidente norteamericano. Sin duda, ese examen aproximaba la Trumpnomics a lo que fue en su momento la Reaganomics. Esto, es obvio, no deja de ser hoy por hoy una gran incógnita.

Lo que primero impacta es cómo el mercado bursátil de EE.UU. concluye digiriendo, positivamente, la victoria del magnate -subiendo claramente las valuaciones de las acciones norteamericanas, a la par de que se eleva el dólar a nivel mundial-, justo cuando Trump surgió en su momento cual cruzado decidido al embate, no se sabía cómo, contra el establishment financiero y bursátil. Incluso, el ahora ya designado presidente, ha incorporado en sus filas de gobierno a conspicuos individuos provenientes de allí.

¿Se tratará de que avanza la impresión de que los planteos más rudos de campaña lanzados por Trump serán materia de rectifi cación y/o endulzamiento, una vez que concluyó el “juego de luces” electoral y que, en la nueva instancia, se debe pensar en gobernar en serio?

No obstante, en paralelo suceden cosas que parecen anticiparse al curso que se descuenta adoptará la gestión económica de Trump en cuanto a las líneas económicas fundamentales. Por ejemplo, los bonos del Tesoro americano a 10 años, han visto descender sus precios y subir correlativamente sus rindes. A la par, como se expresó arriba, el dólar tendió a fortalecerse en el ámbito mundial.

No se dijo aquí la última palabra, pero, estos datos, más bien, ratificarían la idea de que la Trumpnomics se acercaría a la Reaganomics. Por otra parte, hay otro poderoso actor en escena, la Reserva Federal -RF-, que destila desde hace tiempo un sesgo alcista, y que acaba de realizar su segunda suba de la tasa referencial, acorde con aquel sesgo.

Clichés y realidades
Trump desplegó en campaña varios clichés en materia económica: ofertismo fiscal (baja de tasas marginales de tributos), manejos proteccionistas en el comercio exterior, fuertes programas de gasto público, como también, aludir, bastante confusamente, a la necesidad de subir las tasas de interés.

El esquema ofertista, que recuerda la impronta de tipo Mundell-Laffer, alcanzaría en los cálculos, prima facie, los 6 billones de dólares (en nuestra terminología) en concepto de renuncia inmediata de ingresos debido a los recortes de tasas tributarias. Esto es visto por los ofertistas como una panacea capaz de estimular con contundencia la oferta de trabajo y de iniciativa empresaria, empujando así al producto. En simultánea, actuaría un programa ambicioso de gasto público en infraestructura, que llegaría al billón de dólares.

En general, es muy discutible el presunto milagro derivado de los cortes de tipos tributarios, pero, suponiendo algún efecto, y, si, en paralelo, operan importantes planes de gasto público adicional (también se cita el gasto para la defensa), la conclusión es que cabría esperar al inicio un cierto empuje de la actividad económica. Quizás, pegando con más fuerza el manejo del gasto público. De todos modos, la contracara de todo esto sería un probable aumento del déficit fiscal.

En realidad, si el curso deficitario en el plano fiscal luciera muy enfático, sería difícil que la FED no disponga una ruta alcista en la fijación de su tasa de interés. La tal política fiscal expansiva-deficitaria, con vistas al tópico inflacionario, abonaría el contrapeso de una política monetaria más severa, algo acorde con el régimen de metas de inflación norteamericano, ahora explícito. De hecho, como se adujo, la FED ya se situó en un sesgo alcista de tasas, por lo que habría que estar atento a la interacción de efectos y de perspectivas.

Es conocido que la relación Trump-Yellen no es de las mejores. El primero llegó, otrora, a atacar a la segunda por no alzar las tasas. En cambio, ahora, ¿le conviene al nuevo presidente la suba de tasas? Incluso, hay quienes critican a la titular de la Reserva Federal por apresurada. Por más que existe desde antes el sesgo alcista de la FED, y se notaron indicios de tirantez en el mercado laboral que podrían anticipar presiones inflacionarias a computar, quizás hubiera correspondido, se dice, una conducta más prudente de la entidad monetaria, esperando los pasos efectivos del nuevo gobierno.

Con tasas de interés propias (en EE.UU.) eventualmente elevadas para responder en el ámbito monetario al fenómeno de la laxitud fiscal mezclada con déficit -sin olvidar las mayores necesidades de financiación que exigiría ese fenómeno-, el combo en juego tiende a completarse con el famoso “dólar fuerte”. Como se citó antes, ya existen manifestaciones en la dirección indicada: suba mundial del dólar con la contracara de depreciaciones difundidas de terceras monedas de variado tenor, y presiones alcistas en las tasas de interés. Con la perspectiva de corrimiento de los capitales hacia la plaza norteamericana, tornándose así más duras en materia de cantidad y de costo las condiciones de financiación disponibles para otros países. A no dudar, este espectro global instiga una determinada tensión en la estrategia económica perseguida por el Gobierno argentino, la que tiene en la toma de deuda externa una pieza clave.

Volviendo al tópico del dólar fuerte, en este frente pueden suscitarse interesantes paradojas. Trump levanta, por un lado, poses proteccionistas en comercio exterior (sobre todo contra China, blandiendo un arancel compensatorio), que recuerdan la ley Smoot- Hawley (que tanto irritó a sus aliados), con el objetivo de mejorar la balanza comercial. Pero, en paralelo, su macro, como esquema fundamental, coquetea con el dólar fuerte, el que, por la base misma, podría controvertir seriamente ese objetivo.

Por otra parte, mientras que estarían bajando las exportaciones chinas a EE.UU. en varios rubros (reemplazadas por las de Vietnam y otros países), China misma impuso ciertas restricciones cambiarias buscando zafar de las fuertes presiones devaluacionistas que sufre. El mercado “le manda depreciar”, y ante ello, resiste. O sea: China “manipula” su moneda, pero, ahora, en sentido inverso al que denunció Trump.

image_print