Dic 18 2016 - 20:22

Lo fiscal y el balance de pagos en la sustentabilidad macro

                                   

Eduardo Luis Curia
Especial para BAE Negocios

Hubo declaraciones en el ámbito económico señalando que la economía argentina, en perspectiva, presenta más un problema del sector externo que de tenor fiscal. El primero se asociaría al fuerte endeudamiento externo asumido por el Gobierno, más el hecho, se agrega, de que aquél carecería en lo esencial de una vocación productiva.

Es algo así como una tesis simétrica-antagónica al enfoque que destaca la gravitación del sector público, enfatizando a su vez la morbidez que supone un alto déficit fiscal. La persistencia de ese déficit, se aduce, empaña el horizonte inversor y, de paso, puede llevar preocupaciones al sector externo.

En general, la primera postura afinca en círculos ligados a la heterodoxia, la segunda cala más en las filas ortodoxas. Se perfilarían como dos posiciones básicas: aquélla que alerta en perspectiva sobre una problemática afín al balance de pagos externo PBPE y la que denuncia una problemática esencialmente fiscal PF.

De todos modos, debe entenderse que estos enfoques no son más que exteriorizaciones de la cuestión clave, que venimos abordando desde hace tiempo, vinculada con el delicado panorama en el tiempo en materia de sustentabilidad macroeconómica que destila la estrategia económica en curso.

En rigor, con un cuadro de crisis ya declarado, un debate similar desde ya más desarrollado y computando detalles específicos se verificó y se verifica en la Unión Europea. En este orden, los fiscalistas europeos adeptos a la PF, ante la crisis de deuda soberana, recalcaron la relevancia del conducto fiscal como resorte corrector, aparte de mecanismos de refinanciación. Aquí empujó mucho la dura posición alemana, que recomendaba un programa de fuerte austeridad fiscal para los PIGS, con vistas a restaurar su credibilidad de honrar las deudas y de bajar el riesgo. El FMI matizó la postura, aduciendo que debía verificarse un cuidadoso ritmo de aplicación. También jugó, con menos peso, la tesis que calificó de contraproducente la austeridad fiscal, implicando de algún modo la idea de un presupuesto fiscal centralizado en la zona del euro, que cubriera generosamente los casos particulares de shock.

La tesis del endeudamiento
alternativo y superador es una ilusión

Los sostenedores de la PBPE mencionan que las condiciones fiscales de los PIGS, aun mostrando alguna debilidad, no eran enteramente generalizables a un nivel muy intenso. En cambio, influía mucho la deuda privada acumulada durante la “buena época”, lo que concluyó asociado con una conducta económica interna que remató en altos déficits de cuenta corriente y el deterioro relativo de la competitividad, alentándose así dudas sobre la honra de la deuda externa a cada país.

En algún punto, las dos posturas, ante la acusada interacción fáctica entre lo fiscal y lo atinente al frente externo, se ven obligadas, de un modo u otro, a recalar en un punto esencial: el tipo de cambio y el régimen aplicable al respecto. Aquí surgió el debate acerca de la devaluación interna (cambio rígido y desinflación depresiva doméstica), de la devaluación fiscal y de la devaluación externa (alterando la relación entre monedas, “salida del euro”).

Precisando opciones
En cuanto al interrogante que hemos venido planteando respecto de la sustentabilidad macro (sostenibilidad temporal “afiatada”) del actual esquema económico, el mismo supone que sus pilares fuerte toma de deuda externa, alto déficit fiscal, serio retraso cambiario se hallan íntimamente imbricados, propensos a realimentarse. La dinámica termina, sí, centrándose en el frente externo el tema de la restricción externa “latente” que siempre subyace en el país, el que, a la par, posiciona con rigor la cuestión cambiaria, con lo que el tema implica. Pero, en todo esto, la dimensión fiscal es insoslayable.

La opción ortodoxa de un duro ajuste fiscal es
promesa de depresión por un lapso indefinido

Cambiemos, aparentemente, tiene una “receta” para gambetear el reto de la sustentabilidad: la ruta de “dos fases”. En la primera, es la credibilidad intrínseca que despierta en los círculos financieros mundiales la que permite bancar un esquema con una floja sustentabilidad en 2017, apuntando a los comicios; en la segunda, supuestos buenos resultados en éstos, se encararía un ajuste fiscal paulatino, “dulce”, gracias al crecimiento en el que se confía, que reforzaría, ya en los hechos, esa credibilidad. El apoyo financiero persistiría sobre bases más sólidas y el tipo de cambio real bajo se erigirá en algo así como el tipo de cambio “de equilibrio”. Una apuesta.

Por su lado, muchos heterodoxos que se inclinan al PBPE, en el fondo, adhieren a una tesis de pretendido endeudamiento externo alternativo, “superador”, que comulga con la sistemática defensa acérrima de la laxitud fiscal y del hipodólar real, creyendo que el tal esquema cierra bien con la apelación a respuestas productivas ultradigitadas. Esto es como la “cuadratura del círculo”. Porque, dadas las condiciones especificadas a título permanente, el tal endeudamiento es inviable y, dado esto, el retraso cambiario y el desequilibrio fiscal arraigado llevarían, en el mejor de los casos, a reponer la restricción externa y los límites productivos.

En paralelo, los ortodoxos que adhieren al PF, si buscan rehuir una devaluación externa, tendrían que radicalizar el nexo entre un durísimo ajuste fiscal y la práctica de una devaluación interna, con las harto probables y duraderas secuelas depresivas del caso.

Si el reto de sustentabilidad macroeconómica que enfocamos desde hace rato, con el tiempo, incrementara su apremio, la presunta visión de Cambiemos vería acotado su margen de maniobra. A su vez, la tesis del endeudamiento alternativo y superador es, simplemente, una ilusión. Y la óptica ortodoxa de un rudo ajuste fiscal fogoneando la devaluación interna, realimentando así los factores de retracción, es promesa de una depresión por un lapso indefinido. Aquí es donde surge la ventaja de un esquema apoyado en una devaluación externa más allá de las contraindicaciones inmediatas que habrá que mediatizar lo más posible, el que inexorablemente exige para ser sólido un serio reordenamiento fiscal, incluyendo la fuerte caída del gasto y la presión fiscales medidas en dólares. La señal de un tipo de cambio competitivo inserta en una matriz macro consecuente, incluyendo su atracción para el aporte inversor, perfilaría el espolón para la recomposición productiva y la generación de dólares sin endeudamiento externo frenético que impida una recidiva de restricción externa efectiva. El tiempo dirá cuál es el camino.

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