Nov 27 2016 - 21:33

La tarifa extra de Trump y la manipulación cambiaria china

                             

Eduardo Luis Curia
Especial para BAE Negocios

Sin duda, el triunfo de Donald Trump en los comicios presidenciales de los EE.UU. impactó mucho a nivel mundial. Resta por ver cuánto del relato comicial se vierte en los hechos concretos de la gestión. Los issues de ese relato son muy variados, en lo económico se destaca, sin olvidar otros importantes, el ligado a un supuesto revival proteccionista.

En este punto Trump parece ir más allá de lo expresado en la plataforma del Partido Republicano, que aceptaba la extensión de los tratados económicos y comerciales multilaterales basados en los mercados libres; eso sí, exigiendo mayor celo por el interés nacional. Trump, por su lado, ya definió enemigos y acciones al respecto. China figura como el gran villano. Pero también tambalea el ALCA (“lo reformulamos o nos vamos”) y se congelarían el tratado con Europa (TTIP) y el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica.

Emana un mensaje: “Importa el mercado interno, y se lo protegerá”. El núcleo de esta idea despierta atracción en terceros, incluido nuestro país, donde hay inquietudes sobre la suerte del mercado interno. Es algo así como la “redignificación” de una idea. La particularidad es que nosotros no somos EE.UU., no somos la primera potencia mundial, con su enorme poder de fuego, lanzada pretendidamente a una ola proteccionista y, por ende, desconocemos hasta dónde nos calza el sayo. Quizás estemos menos estresados en cuanto a la inminencia de negociar ciertos acuerdos internacionales que perfilaban un gran reto. Pero no se olvide que EE.UU. vino jugando como el buyer of last resort (comprador de última instancia), llegando a tener déficits comerciales gigantescos que reflejaban aquello (lo cual, se suponía, calzaba con una reasignación de los recursos productivos internos). Y aun así, se denunciaban sus “maniobras protectivas”. ¿Cuál será la intensidad de éstas ahora urbi et orbi?

China: país villano que manipula su moneda
El déficit comercial americano con China es notable: u$s366.000 millones, un récord. El asunto no deja de ser una vieja historia, porque el desarrollo chino, en gran parte, como dijo Franklin Serrano, fue en el origen un “desarrollo invitado”, en tanto EE.UU. dispuso deliberadamente su mercado a la entrada de los bienes competitivos del país asiático. Apelando China a una pieza clave: el peg del yuan al dólar por largo tiempo (desde ya, en el seno de una matriz más amplia).

Para algunos (vgr. Terek Hassan et al, “Currency manipulation”) el peg, como medio a mano de un país menor de adosar su moneda a la de un país “prestigioso”, le permite a ese país “parasitar” en la moneda fuerte, beneficiándose de varios aspectos: más acumulación de capital y crecimiento relativos (desde ya, esto no ocurre siempre). Se acompaña la apreciación de la moneda fuerte, pero otro tanto se hace en las fases de depreciación de ésta.

El peg de China hasta mediados de 2005 conjugó con un tipo de cambio real bilateral con EE.UU. en general favorable subvaluación relativa, que tendió a traducirse, ya en 2003, en términos de pérdidas de empleos, ganancias, inversiones y exportaciones del sector manufacturero norteamericano. Esto lo denunciaba, por ejemplo, un típico “izquierdista” de país central, como Robert Blecker (“Los beneficios de un dólar bajo”), que luego, hipócritamente, en sus papers teóricos, minimizaba los efectos ligados a los movimientos cambiarios.

Claro: cuando el dólar se depreciaba ante otras monedas, según el decurso “natural” del mercado, el yuan, alertaba Blecker, aprovechaba oblicuamente esa desvalorización al estar atado al dólar. Esto traducía el peg. A mediados de 2005 China pasa a computar a una “canasta de monedas oculta” pero que, en los hechos, trasuntó un denso apego al dólar americano.

La tarifa extra
En el círculo de Trump la comparación del valor nominal vigente del renminbi (sin olvidar antecedentes históricos) con el hipotético valor asociado a una estricta flotación o funcionamiento del mercado, define el margen de desalineamiento o de manipulación. Surge así el “desvío del 45%”, y la idea correctiva de una tarifa extra (countervailing dutie) por dicho valor, aplicable a todas la importaciones provenientes de China. Asimilando el concepto a la existencia de un subsidio desleal, y “reviviendo”, por así decirlo, la Smoot Hawley Tariff Act de 1930.

Aquí la pulseada, mezclando amenazas y argumentaciones, algunas forzadas. Esa “sobretarifa” rebasaría el anexo tarifario comprometido por los EE.UU. en las organizaciones internacionales. Algo así como un respaldo legal sería aludiendo al artículo XVI del GATT, con una cierta recepción en la OMC vía el Acuerdo de Subsidios y de Medidas Compensatorias, sobre prácticas desleales en dumping y subsidios. La “ventaja cambiaria” china se asimilaría a un subsidio, aun cuando el tema cambiario se caracteriza por un alcance amplio y genérico, mientras, de modo muy contrastante, las referencias al subsidio exigen un aporte financiero estricto oficial, el que alguien determinado se beneficie y el tenor claramente específico de los rubros favorecidos.

O sea, nada que ver. El FMI es el encargado de las cuestiones de tenor más macro, incluyendo lo cambiario, fulminando también la manipulación cambiaria. Pero esta entidad, para ejercer una reprimenda, tiene “menos imperio” aun que la OMC.

Hay otra paradoja. En las condiciones presentes, tanto de la economía mundial como de la china, aun cuando el país asiático “dejó hacer” recientemente cierta depreciación de su moneda, una rigurosa flotación del yuan podrá generar su briosa depreciación, disparando ruido por doquier. Ni qué decir que mientras Trump apele a su giro proteccionista para bajar el déficit americano podría correr el riesgo de que su política macro motorice el dólar fuerte, desandando así camino en paralelo.

En fin, estamos ante una verdadera “caja de Pandora”. Quizás se trate del “parloteo previo” que anteceda a una pulseada dura, pero que termine encauzada en ciertos arreglos y concesiones: vgr., restricciones “voluntarias” de exportaciones, equilibrar el trato a empresas americanas en China frente a las americanas, y cosas por el estilo. Por otro lado, el poder de represalia chino, no es nimio, sumando su condición de gran acreedor de EE.UU. El hecho es que si la contienda es sin cuartel, carece de cauce y se escalarizará, podríamos sufrir un efecto mundial de tipo “dominó” que enrarecería enormemente el ambiente, afectando el ya débil desempeño de la economía mundial.

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