Nov 20 2016 - 21:52

“Matices” en Cambiemos: el proyecto de Eduardo Conesa

                          

Eduardo Luis Curia
Especial para BAE Negocios

En varias notas, enfocamos el “giro estratégico” del gobierno en lo económico -fijando diferencias con el relato inicial- con vistas al ciclo económico político (CEP) ligado a los comicios del 2017, buscando mejorar chances.

Analizando su matriz, surge un touch noventista, pudiéndose extender el parentesco en lo económico, al plan Martínez de Hoz, como dice Lavagna, que añade que son experimentos que no suelen terminar bien. Sí, a diferencia de tales esquemas con cambio fijo o deslizante según el caso, el actual, en lo formal, es una flotación. Aunque, hasta la fecha, de hecho, se impone un cambio que en general se mueve poco. Pero, en sustancia, se trata del maridaje entre el fuerte apalancamiento en los capitales externos -toma de deuda en especial- y el correlato de un tipo de cambio real atrasado, mediados por un alto déficit fiscal.

Se busca cobijar una impronta de impulso de la obra pública y de pro consumo (esto, a través de diversas vías vistas en su momento), perfilando un horizonte de aumento de ritmo económico en el tiempo: algo de arranque a finales de este año, intensificación luego y febrilidad (el crecimiento anualizado del 5% de los panglossianos como Bein, Brodersohn, y otros) cerca de las elecciones. El arranque se hace desear, lo cual, alienta el temor de la parsimonia, examinado en una nota anterior. Asúmase, sí, que cámaras de empresarios comerciales detectaron últimamente una cierta suba del consumo, aunque aun módica.

Conesa devela la incógnita: el tipo de
cambio real de equilibrio industrial hoy es de $27

Ahora, un Sturzenegger “ablandado”, se agregaría al objetivo: baja la tasa, aunque la inflación núcleo subiera en octubre y en medio del shock asociado al triunfo de Trump. Trata de abaratar más el crédito y estimular decisiones intertemporales de gasto. Desde ya, aquí habría que sopesar eventuales trade off o compromisos en el campo inflacionario, tanto en el plano del tipo de cambio como en el de las expectativas, sobre todo, dado un fuerte laxismo fiscal. La meta: sacudir la parsimonia.

“Matices”
Lo visto en la sección previa atañe al ritmo del rebote interno pretendido, y a la seducción electoral que inspire. Sin embargo, el gran percutor autónomo de todo este planteo, reside en otro lado: el frente externo, y en la capacidad, en lo esencial, de obtener “dólares directos”, en especial, financieros. Por de pronto, véase que según sean los cálculos de las necesidades fiscales para el 2017 (neteado el aporte del Banco Central), surge un monto de u$s30/40.000 millones de endeudamiento neto. Obviamente, esta traducción en dólares no es sinónimo pleno de una estricta apelación a deuda expresada en divisas, pero...

Es evidente: si ese sensible percutor se cae, o hay grandes trabas, el resto, que es “añadidura”, tambalea. El gobierno no tuvo problemas hasta la fecha; los mercados mundiales “votan” por él. La cuestión la perfilan ahora los cisnes grises y negros, que amenazan la paz de aquéllos. El gris, se asocia al sesgo cada vez más alcista que adopta el relato de la Reserva Federal, augurando una onda de suba de tasas; cisne gris, porque el asunto no es nuevo. Un cisne más negro, lo es el reciente triunfo de Trump. Sin entrar en detalles aquí, da la impresión (ver nuestra nota en Infobae del 13/11) que la economía de aquél podría caracterizarse por altas tasas de interés y por la absorción masiva de capitales, ciñendo la disponibilidad de plaza para terceros.

La cosa, pues, es así de fácil: el citado giro estratégico oficial, vinculado al CEP, apuesta a una impronta pro consumista relativa; el reto que se abre allí, es el de la parsimonia. Pero, en el frente externo, funge el pedestal que sostiene la base del esquema, como Atlas sostiene al mundo. En Cambiemos, asoman serios matices respecto del alcance de la situación en danza. Algunos más céntricos; otros más periféricos. En el centro, la idea es: “no haya pánico”. Si hay subas de tasas, serían limitadas. Se intentaría acotar el riesgo país para compensar. Se está bastante pertrechado -blanqueo incluido-, y la necesidad de una emisión grande afuera sería para el mes de abril de 2017, por el pago del Bonar 2017. Mientras tanto, sirven las emisiones menores, internas, etc. En fin: la ruta seguiría, en esencia, easy (fácil).

El cambio competitivo pasa a liderar en lugar
de la toma de deuda. Las tasas serían menores

A su vez, los trabajos ahora aportados por el economista y diputado de Cambiemos Eduardo Conesa (observaciones al proyecto de presupuesto y un plan de estabilidad y crecimiento), van en una notoria dirección contrapuesta. En una nota del BAE Negocios del 2/5/2016, tratando las llamadas “Unidades del Vivienda” del Banco Central, decíamos que Conesa había presentado por su lado un proyecto de moneda nacional de valor constante (ajustando el peso por la inflación), y que el criterio se extendía al tipo de cambio nominal. O sea: se indexaba el cambio nominal, algo clave para el desarrollo. Manifestamos que en un caso así, era crucial el valor de paridad real de inicio.

Conesa devela la incógnita: esa paridad a hoy es de $27. Sumando su indexación, se trata de un valor próximo a lo que llamamos el tipo de cambio real de equilibrio industrial. Esto, más que un “giro estratégico”, conforma un “giro copernicano”: el sistema planetario se lee de un modo opuesto al vigente. Donde hay cambio atrasado, habrá cambio competitivo; donde hay fuerte déficit fiscal, habrá neutralidad o un ligero superávit; donde se expande la toma de deuda, se fija su limitación. El cambio competitivo pasa a liderar en lugar de la toma de deuda. En el contexto, las tasas de interés serían menores.

Son trabajos extensos: las medidas sugeridas, múltiples. El cómo abordar la inflación en el esquema ocupa, por ejemplo, un amplio espacio. Pero, es nítida la polivalencia del dólar (real) alto y sostenido en la matriz de la que es eje: dinamiza exportaciones e inversiones, y así el crecimiento; aporta mucho a la fuerte mejora fiscal; y recompone superávit comercial para pagar intereses sin sumar más deuda.

En lo esencial, desde nuestra visual, el planteo, en lo normativo, es totalmente compartible. En un plano más inmediato y tangible, cabe preguntar el por qué del aterrizaje de una propuesta como la citada. Por de pronto, es una “interna” en Cambiemos, aunque sea, posicionalmente, entre centro y periferia. La razón de fondo podría ser, especulando, es que aquélla estima acelerados los plazos que atañen al desafío de la sustentabilidad macro (en el meollo, ligada al frente externo), que nosotros, en anteriores análisis, estimamos (con algún cisne negro ausente aun) para la parte final de 2017.

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